Este capítulo inicia después de los tres puntos suspensivos, que habían dejado el relato en el aire, suspendido, igual como se queda la ropa en el alambre, esperando a que regresen el sol y el viento, para secarla suavemente, hasta hacerla recuperar su forma y guapura natural, con que enmarcará la silueta de aquella vida que se quedó estancada y sin alma, por un golpe a morir.
Tal vez el capítulo no contendrá punto y seguido, ni punto y aparte, ni punto solo, mucho menos puntos suspensivos --toco madera--, porque deberá ser un capítulo en una narrativa seguida, acelerada y fácil, tan fluida como de escritura automática, con ciertas comas si acaso, pues recuperar lo que ya se daba por perdido requerirá rapidez y no precisamente pautas, ni pausas. La elegancia es la historia que ya existe, pero que se había quedado en suspenso.
Puede ser la vida.