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domingo, 30 de noviembre de 2025

Noviembre

Aquí termina noviembre, dejo constancia por si hay quien no esté al pendiente del calendario y pudiera necesitar después algún punto de referencia (.) para saber la fecha de cuando hizo tal o cual cosa.

Aunque no sea más importante la fecha que el hecho mismo. Pero ya ven que la historia exige fechas en su narrativa. 

Del año 2025. O sea, 25 años más adelante de una de las muchas veces en que iba a acabarse el mundo. Mundo que tal vez se acabó y no nos dimos cuenta. Pero que al ver gente en modo de zombie o como anima en pena, no sabemos si estamos leyendo Pedro Páramo, o estamos dentro de su historia o que ya no existimos. 

Bueno, me despido hasta diciembre, porque estoy muy desvariable, divagante y eso desorienta en vez de orientar (siendo que orientar era el propósito original de esta entrada). 

viernes, 28 de noviembre de 2025

El propósito

El propósito en la vida es VIVIR. 

No necesariamente ser una celebridad, ni la persona más ilustre, ni sabía o científica, ni reconocida, ni famosa o santa.

No. Nada de eso. 

Vivir es el objetivo, la razón de la existencia. 

Sentir. ¡Sí! Experimentar toda la amplia gama de emociones, sensaciones, sentimientos. Sentir, lo que se dice sentir.

Gustarnos como somos, estar satisfechos de lo que somos, de lo que hacemos, de lo que damos, de lo que recibimos. AGRADECER.

Estar conformes con lo que el espejo refleja. Al mirarnos frente a él.

O al mirarnos a través de la expresión de las personas que nos miran, que es el espejo más elocuente y sincero. 

¿Nos sonríen? 

¿Nos aceptan? 

¿Nos rechazan?

¿Corresponden a nuestros gestos o a nuestros actos?



sábado, 22 de noviembre de 2025

Quien escuche

Hace tiempo, cuando un amigo me preguntó cómo estás, me atreví a decirle, estoy mal, muy triste. Antes de que le dijera más, me aconsejó buscar un terapeuta. 

Después recurrí a otro amigo, "muy sensible, empático y humano" y en vez de escucharme, me mandó a rezar. 

Como pude, fui paliando mi sentir. Pero de todas formas no estaba del todo bien... Funcionaba con el corazón resquebrajado, entre resignada y acostumbrada.  

Pero sucedió que una tarde, en un parque un hombre viejo, aceptó que me sentara junto a él, y fluyó la comunicación. En unas cuantas de horas, al estilo Sócrates con su mayéutica, reacomodó todo mi estado interior. Bendito desconocido que me sacó a flote. 

Ni terapias, ni rezos, son más efectivos que alguien con mucha vida recorrida, voluntad de escuchar y dar un buen consejo para recuperar la brújula. 


*A propósito escribí hombre viejo. Porque viejo es viejo.