Quisiera ser el lago,
hospitalario y generoso,
capaz de hidratar a las almas ajadas,
a los seres ultrajados,
que están marchitándose,
a veces, desde antes de nacer.
Humectar las semillas,
que residen en los corazones,
de quienes nunca nadie
les enseñó qué cosa es amar.
Nutrirlos, como al más digno,
porque todavía es tiempo,
para ellos también.
Dar vida a la belleza olvidada,
color y frutos a la tierra agotada.
Convertirme en un espejo nítido,
para cuando asomes,
encuentres en mí tu pureza,
que allí tienes intacta,
sin menoscabo,
donde se escondió solita,
sin que lo notaras,
el día que todo fue mal,
en tu vida.
Quisiera ser el lago,
sereno, acogedor y cálido,
que al darte vida,
cuando me encuentres,
y decidas arrojarte,
muy dentro de mí, confiando
en lo que te ofrezco...
crea yo entonces,
que puedo salvarme,
porque ¡soy el lago!
aunque no sepa,
por tanta coacción o desprecio,
para qué existo,
todavía.
todavía.








