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jueves, 30 de enero de 2020

El descarte

Ser o no ser. Ser o parecer. Soledad de quien no concuerda con las apariencias. Soledad de quien conserva la conciencia y no vende su voluntad, ni su dignidad.

"Te excluyo. No me importas. Nada me aportas, si nada tienes".

"Tu corazón no es oro, no tiene valor para mí. Eso ya no se usa. Hoy, querer es muy mediocre. Actualízate".

"Todo es negociable. Te cedo este regalo que me hicieron y no me gustó. Úsalo tú. A ti sí te hace falta. Despierta".

"¿Tu interior?, no me lo deja ver tu ripioso aspecto del fracaso. Todo te lo comes y no compras ni un sillón. Así es tu vida hoy. Pscht".

Soledad de quien se atreve a decir: No permitiré que me humilles con tus palabras.

"Sigue hablando, que no te escucho, ni me interesa. Tengo otras prioridades. No soporto lloros, hazme el favor de aprender a ser persona positiva. Sonríe. Y sabes...  No perderé mi tiempo en aclarar lo que me reclamas".

"¡Piensa lo que quieras!"


*Son ejemplos de como descartan. Es terrible cómo desechan al ser humano, sin tener ninguna consideración. Como si fueran objetos.  Estoy en contra del descarte. 


domingo, 26 de enero de 2020

Mi gallo, fin de la historia

(...Viene de 3 anteriores)

Casi al anochecer, llegó un niño, de entre 11 a 13 años, recién bañado, muy perfumado, impecable y propio.

- Buenas tardes, soy César, me dijo mi tío que tiene un gallo.

- ¿Tú? Yo pensé que vendría...

- Alguien mayor... No,  yo crîo gallinas, señora y me hace mucha falta un gallo. Démelo a mí, por favor, por lo que más quiera en este mundo. Lo voy a cuidar muy bien. Confíe en mí. Dónde está.

Por sus ruegos, pensaría que había otros candidatos a dueño.

- Claro, claro. Será tuyo. Vamos a buscarlo, por aquí anda, a ver cómo lo atrapas, está muy arisco, se ha llevado varios sustos.  Si lo ofrecí... a un señor que vive por... Quedó de mandar a sus hijos mañana por él.

- No, señora, con él no es conveniente. Se le escapará. No cuida a sus animales. En cambio yo... Le aseguro que lo cuidaré como nadie.

- Además, en una granja que está... (Continué, ya saben, probándolo).

- Nooo, por nada, allí ni lo piense, esos son galleros. Lo harán pelear y si no tiene suerte...

Pense: Es el dueño que necesita Diógenes. Para esto, yo ya sabía el nombre del gallo.

Buscamos por todas partes y nada de gallo. Al fin, después de mucho, me dijo muy bajito y gustoso:

- Ya lo vi, ya lo vi, allá está... arriba, mírelo....  Aaah, es muy  hermoooso y fino. Uh... Es increíble, señora,  se lo voy a agradecer siempre.

El gallo estaba arriba de un árbol, ya con su pijama puesta y terminando de rezar a su ángel de la guarda, casi por dormirse.

El niño subió, pero el gallo voló hacia los columpios, luego a la parte superior de un resbaladero.

Entonces planeó: - Yo subo los escalones muy despacio, para que no me sienta, pero si vuela, usted lo atrapa desde acá. Llego rápido y entre los dos ¿de acuerdo?

- Sí... muy bien, fácil. Así le hacemos. Yo lo atrapo por acá ¿Cómo? Sí, yo puedo. Muy fuerte lo agarro y listo...

Pero el animalazo, sacó de no supe dónde, unas alas tamaño de halcón y me sobrevoló, que ni en sueños, le hubiera alcanzado a tocar una sola pluma.

A partir de allí. A correr calle arriba, calle abajo, alrededor, porque está en círculo. Más corriendo el niño y más gritando y estorbando, yo, que poder empatar las velocidades de ellos.

El gallo, se nos(me) escapaba por el piso, por el aire, en nuestras(mis) narices, entre nuestras(mis) piernas, de árbol en árbol, de casa en casa. Y cuando ya lo perderíamos en el hocico de un perro que lo esperaba detrás de su barandal... el niño se lanzó como jugador de fut americano y logró aferrarlo de la cola. Dejando al perro, furioso y a mí brincando y aplaudiendo.

Con enorme sonrisa, muy triunfante, mi niño campeón, vino a mí con su gallo, el cual ni pío le dijo, siendo que a mí me decía y gritaba de todo, en días pasados.

César lo acarició y le habló con tanta suavidad, que Diógenes fue desacelerando su corazón, hasta tranquilizarse y nosotros también. Celebré su osadía y me respondió con tremendo estilo:

- Como si hubiera tenido que pelearme cuerpo a cuerpo con el perro, por salvarlo.

El niño, me agradeció y me bendijo muchas veces, me besó las manos. Nunca nadie me había agradecido así algo.  Luego, se disculpó por retirarse tan pronto, "porque todavía iba a ordeñar." Su rancho, está muy lejos de mi casa.

Me contó que él mantiene a su madre y a sus hermanos. Un niño hecho hombre, encantador y muy formal, al que vi alejarse derrochando felicidad, con su gallo giro, dormido en sus brazos. Un momento glorioso.

viernes, 24 de enero de 2020

Mi gallo, continuación 3a. parte

Casi resignada a lo que no me iba a perdonar jamás y harta de tanto desaire, como por no dejar, le pregunté a una mujer que estaba saliendo de su casa y con pinta de tener buen corazón, si conocía a quién pudiera tener gallineros cerca.

Cuando estaba por negarse a hablar conmigo, llegó un hombre, al que le dijo: La señora anda buscando quien quiera un gallo... haciendo un gran esfuerzo por contener la risa, por mi "ridículo" interés por ¡Un insignificante gallo!.

"Deberá estar mal de la cabeza", intuí que pensaban.

El hombre, sí se rió abiertamente.

- ¿Por qué no se lo ha comido, señora?, me dijo.

- ¿Qué, qué, cómo cree que yo cometería ese asesinato? Le respondí.

- ¿No me diga que no come pollo?

- Sí, pero, cara de qué me ve. No sería capaz de... Y pase mi mano por el cuello, horrorizada.

Después de divertirlos a sus anchas, y no se crean, yo también, me dio las señas para encontrar a quien probablemente lo querría. Fui, pero no lo encontré.

De regreso, localicé al hombre que mmírefirió con el otro y lo obligué a que me prometiera que él le avisaría.

- Dígale que se apure, porque peligra mucho ese gallo. Entre perros, gatos, niños, gente, carros, nevada...

- Tranquila,  yo le digo, hoy mismo le llamo. De seguro va a buscarla...

Por el retrovisor vi lo divertido que se quedó, con mi proceder. Y aunque no lo crean, yo también me reí de mí. De mi empeño utópico.

(Continuará...)