Por más bravo que esté el mar en ciertas tardes.
Por más imposible que parezca encontrar el camino correcto.
Siempre alguien aparece y con su sola presencia nos dice:
"Calma, no pierdas la esperanza, no pierdas la confianza, sostén la fe". “Cálmate".
Y no deja otra opción más allá de obedecer. Es un dulce mandato.
Y allí mismo, el estado de desazón en que nos encontrábamos, se difumina.
No hay nada más importante que ese horizonte, que el pelícano recorre con semejante seguridad, aplomo y templanza, sin temer a la turbulencia de las aguas. Al contrario, él pesca y se alimenta, absolutamente quitado de la pena. Agradecido.
Amo esos mensajes naturales. Es el whatsapp de la divinidad.


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