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jueves, 17 de marzo de 2011

Hoy voy a callar

¿Qué las palabras se las lleva el viento? ¡Yo no lo creo! Las palabras siempre se quedan, sobreviven a todo, acercan amigos o enemigos, dan vida o muerte.

Una palabra bien o mal dicha en el  momento justo, nunca se olvida. 

Por eso... hoy voy a callar, es propicio hacerlo, para escuchar solo los latidos de mi corazón o los ladridos de Guango; y dar gracias por ello... Simplemente vivir.

¡Si, vivir! Éso que  hasta hace tan poco tiempo, traíamos todos en automático, como algo  natural y merecido, cuando creíamos que éramos dueños de nuestra vida... Cuando no pendía de las irresponsabilidades de quienes gobiernan las naciones.

Algo tan efímero ya. Me refiero a la vida, que nos facultaba para hacer de todo, dar vuelo cada quien a su estilo al libre albedrío, crecer, movernos o estancarnos; amar o desamar, brillar o estar a la sombra, lo que quisiéramos. 

Ahora estamos todos democratizados, por las inconformidades, por los malos gobiernos, por los accidentes, por la naturaleza que ya también se hartó de soportarnos, por la injusticia y la crueldad en todos los rincones del mundo, en todas sus versiones e intensidades, resumidas en la palabra desgracia.

Cuántos hermanos del mundo quisieran hoy... tan solo vivir, tener un perro tan  chantajista como Guango y un corazón como el mío (No porque sea un gran perro, ¿a quién le conviene  un perro manipulador y posesivo?  Ni porque el mío sea un gran corazón, sino porque todavía ladra y late,  perro y corazón respectivamente), aunque tuvieran que quedarse quietecitos, calladitos, docilitos, como haré hoy yo. 

Y no es que traiga penas, ni tormentos, ni confusiones propias, agradezco mucho a Dios que estoy a plenitud, feliz de como soy, como siento y como pienso. Me creo congruente. Pero el mundo me obliga hoy a un silencio predeterminado.

Me quedo con estos tres pensamientos, que me gustaría que entendiéramos todos los habitantes de la naranja mecánica, ahora más magullada, que nos contiene, mientras vemos que las hormigas son más grandes que nosotros.

La solidaridad no es un sentimiento superficial, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, el bien de todos y cada uno para que todos seamos realmente responsables de todos.
Juan Pablo II


La no violencia es la fuerza más poderosa que hay a disposición de la humanidad. Es aún más poderosa que el arma más compleja de destrucción ideada por la ingenua capacidad del hombre.
Mahatma Gandhi


Sin amor, la humanidad no podría existir un día más.  Erich Fromm

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