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viernes, 11 de marzo de 2011

No sé si pueda perdonarlos


Cuando recuerdo todos sus incendios de pozos petroleros, que tanto me enferman;

Cuando me ensordecen los lamentos de ballenas, orcas, delfines y tiburones, batiéndose indefensos, contra la barbarie de su codicia;

Cuando me asfixia en todos mis amaneceres,  la fetidez de los cadáveres de las especies pequeñitas, baratas y discriminadas por sus mercados, reducidas a basura;

Cuando el paso de sus embarcaciones arrasa con, caballitos de mar, moluscos, algas, mariscos, corales, desmantelando su hábitat, construido durante siglos;

Cuando cuento cada vez menos focas que acuden a la merienda;

Cuando no regresan nunca más, las tortugas que salen a desovar;

Cuando me despiertan de súbito las gaviotas, flamencos y pelícanos, al caer muertos por ingerir plásticos, vidrios, hidrocarburos, productos químicos, confundidos entre sus alimentos predilectos;

Cuando escucho sus carcajadas, por lo que me descalabran, con cada especie que me arrebatan;

Cuando tengo que apretarme al acercarse aviones, helicópteros, submarinos, explosiones, tratando de ceñir a todos mis hijos juntos, para cuidarlos de lo que ustedes llaman deporte, exploración,  negocio o guerra;

Cuando recibo todos los drenajes contaminados y tóxicos de todos sus desechos y  experimentos letales, no reciclables, no absorbibles, no digeribles;

Cuando el llanto de sirenas eternamente enlutadas, me sobrepasa;

Cuando mi vaivén ya no me sirve para mantener la calma;

Es cuando la ira me posee y traspaso diques, muelles, escolleras, en un solo rugido dejo escapar todo mi dolor contenido, para buscarlos, encontrarlos, ridiculizarlos y convertirlos en humanos desmoronables, diminutos, tan insignificantes, como lo he sido yo con todos mis huéspedes, para ustedes ¡Siempre!

Lo siento, pero... No sé si pueda perdonarlos,

El Mar

2 comentarios:

  1. La certeza de los bienes cercanos nos ciega para ver el mal remoto. Y a todos nos deslumbra la riqueza al alcance de la mano y el futuro nos importa una higa. No entendemos, ni queremos entender, que estamos acabando con nuestros hijos, con el futuro. Qué más nos da, ninguno esperamos verlo. A sabiendas de que no lo son, decimos que nuestras "actividades" son "sostenibles" ecológicamente. Y seguimos con ellas tan contentos. Usamos el lenguaje para pervertirnos. Y, encima, con él nos justificamos.

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  2. Tremendos irresponsables, apáticos, negligentes y convenencieros.
    Un abrazo.

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