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jueves, 10 de febrero de 2011

Pleito

Cuando alguien sintiéndose en su derecho, transgreda las reglas con astucia, para herirte,  en vez de establecer el diálogo o pleito abierto.

Te salvará una gran dosis de serenidad, Para no llevar la querella,  a las peores consecuencias, que sería perpetuar la enemistad.

Si comprendes que otros se mueven o piensan en sentido contrario al tuyo, te será más fácil evitar la discordia, disminuyéndola a simple habladuría.

Al principio no podrás sosegarte, pero la entereza, te llevará a la paz finalmente.
Cuando no logres un pleito abierto, retrocede, cambia de rumbo.

Al aceptar tu destino con docilidad, encuentras la armonía con la ley eterna, ya que en el pleito, no siempre el más justo, obtiene la ventura.

Aprende a medir a tus adversarios, pues ante los poderosos o tramposos, es preferible pasar inadvertidos y perdiendo el pleito se gana más.


miércoles, 9 de febrero de 2011

La Tejedora


Se sintió partida, rebasada por la realidad circundante, el odio y la incomprensión ajenos la sometieron, entre muros de silencio y desprecio.

Con humildad bajó la mirada y fortaleció su alma, con la velocidad de un caballo se alejó de las miradas, segura de su valor y de su espacio justo.

Esquivó confrontaciones y se enfiló sobre escarcha, sin fomentar ningún propósito propio, ante la decadencia circundante.

Ató a su cintura una bolsa de deseos, para no ostentar y atraer con ello nuevos enemigos, manteniéndose firme desde su soledad.

Mantuvo su paso por el centro, sin desviarse. Tranquila, con apariencia indolente, sin buscar destacarse por sus obras.

En esa marcha escapó del torbellino mundanal, segura de que la actividad en sí misma, la enlazaba con la naturaleza.

Pudo madurar en silencio, sin retroceder, sin odios ni favores que enturbiaran su pureza, obediente a los señalamientos del destino.

Su paciente entrega le gratificó con todas las formas,  superficies y magnitudes soñadas al partir, cristalizando con su figura la esperanza de otros.

martes, 8 de febrero de 2011

El Ejército


Su fuerza es invisible en la paz,   pero está disponible en todo momento, como fuente de poder.

En la disciplina y la obediencia, se asienta su organización, a través del entusiasmo que despierte su jefe.

A la guerra debe recurrirse,  cuando ya no hay otro remedio posible, pues acarrea daños y devastación.

Al iniciar una empresa bélica, debe existir una causa justa y convincente, el orden debe ser perfecto.

Sin un buen jefe el orden no es posible, sabrá enfrentar a su enemigo y retirarse a tiempo si es más fuerte  que él.

Así evitará la disolución y la derrota, pues no se puede librar, cueste lo que cueste, un combate sin esperanza de éxito.

Hay animales salvajes depredándonos, por eso se justifica la perseverancia, de la lucha enérgica y la punición.

Pero el combate ha de seguir ciertas reglas, no convertirse en un turbulento caos, en que cada quien se defiende como puede.