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sábado, 4 de junio de 2011

Siempre

“Siempre”,  es un adverbio
muy complicado entre tú y yo,
porque “siempre te he amado”,
no es igual a “siempre te amaré”.

Por lógica, si hoy te amo más,
mañana se mantendría la tendencia.
Pero tu miedo a que no se cumpla,
te obliga a despedirte siempre.

Dejándome como la paciente tejedora,
de capítulos de espera,
con los recursos polifacéticos,
que el destino deja siempre a mi alcance.

Para enredarte a cada encuentro,
más fuerte que tu impulso de soltarte,
que es más tu anhelo secreto,
de permanecer unido siempre. 

miércoles, 1 de junio de 2011

Tengo alma de perro

Dejar de fumar hoy

Siempre he pensado que tengo alma de perro.  Soy muy leal, cariñosa, demostrativa, juguetona, activa, alegre y solidaria. Cuando me enojo casi ladro y pareciera que muerdo.

También como perro, cuando sufro, sola me curo, alejada. No por orgullo, sino por no molestar a otros, lamiéndome las heridas un rato, hasta que puedo intentar estar de pie y caminar, cojeando un poco; resistiendo lo más posible el dolor, enfrentándolo, hasta vencerlo. Al  recuperar mi normalidad,  vuelvo a correr, brincar, volar y soñar, con más confianza que antes. Sobre todo con más esperanzas.

Por esos insólitos acontecimientos del  mundo de los blogs, el otro día en Sé positivo siempre declaré: ¡Fumo! y ¿Qué?.

Me invitó Jabo, el propietario del blog a platicar en privado. Yo... como clásica fumadora, le expuse mis justificaciones. Defendí las virtudes del tabaco, lo mucho que me gusta, lo disfruto, lo saboreo y que no me daña. Que es un gusto y no una adicción.

Nos despedimos con las cortesías usuales. Sin embargo, ante mí, quedé como una incongruente. Así que regresé a su blog:

Agradecí a Chus, del blog: Como la vida misma, hora toca cáncer, quien expuso su testimonio sobre el fumar y el cáncer. Me disculpé con ella. Y me dijo: No te preocupes, como tú piensan todos los fumadores y lo entiendo perfectamente. Esto no me sonó nada bien, porque nunca me ha gustado mucho que digamos, "ser como los demás".

Tampoco me gustó, el darme cuenta de las debilidades de los fumadores: Ironía, falta de respeto, irresponsabilidad, que ella perdonó, con su "no te preocupes, sé que así son los fumadores". Pero, se quedaron gigantes frente a mí, muy acosadores, muy evidentes, esos defectos... Mis defectos también, de fumadora, como todos los fumadores.  Tuve que verlos, sin remedio.

Luego, seguí con el sentido de los diálogos, más mi reproche ¿Cómo se puede ser solidarios hacia otros, sin serlo hacia uno mismo? 


Así que aquí estoy, con mi carita también de perro, como mi alma. Pero, ahora de perro con culpabilidad, de perro regañado,  igual que la del perrito de  la foto.

Aceptando mis errores y mi deseo de no volver a fumar, a los cuatro vientos.

Llevo dos días sin fumar y aunque se me antoja bastante, sobre todo hablando de ello, ya decidí, que no volveré a utilizar esa compañía silenciosa, complaciente, solapadora y aparentemente manipulable, para resolver mis conflictos internos o mis carencias de respuestas.

Porque sé que ese compañero, que he elegido, pretendiendo verlo como amigo, en realidad es un gran enemigo, que tal vez un día me pida la vida y no estoy dispuesta a regalársela, porque es mía. 

Sigo mi camino sin él,  sola:.
¡Ya no fumo!  

lunes, 30 de mayo de 2011

La Bruja


La conocí, cuando perdí los matices,
cuando la oscuridad borró,
sin resistencia alguna,
cualquier rastro de mí.

En un sitio que queda,
más allá de la nada,
donde la muerte es rutina,
y la ceguera y la enfermedad.

Donde las llagas no arden,
más intenso que el mundo
y donde los muertos,
abrigan más que los vivos.

Donde la gente quedó muda,
por tanto aguantar.
Y donde las llamas consumieron,
todas las intenciones.

La conocí en el negro absoluto,
en el silencio rotundo,
en donde ya ni miedo queda,
y si existiera, sería una esperanza.

Al otro extremo de la noche,
allí estaba: Un poco más loca,
un poco más sola,
un poco más enferma que yo.

No me gustó su aspecto,
ni su sonrisa, ni su mirada,
ni su compañía,
mucho menos sus palabras.

Silenciosa, obediente,
dócil, con un letargo hipnótico,
seguí todas sus instrucciones,
al fin que ya no podía perder más.

Así, muerta, conviví con ella
días, meses tal vez… o nunca.
Deambulando en el vacío,
invisible, inexistente.

Violentamente me regresó el sentido,
los colores, la carne y la sangre,
cuando me dijo:
¡Asómate a mis ojos!
           
Allí estaba mi luz y mi cuerpo
y mi mente y mi vida.
Sin escrúpulos se los extirpé,
mientras ella desaparecía.

No me gustaba su aspecto,
ni su sonrisa, ni su compañía,
ni sus palabras…ni su mirada,
ni su olor a éter.