se aventuran, sin destino,
sin memoria, llenos de ilusiones.
Sin antecedentes,
porque en el viaje se pierde,
hasta la identidad.
Lo más preciado se resume,
en un pantalón y una foto.
A veces, ni eso.
En su andar…
los recuerdos estorban,
o resulta más sano olvidar.
Son tolerantes y prácticos,
ocultando así la triste verdad,
de ya no tener un sitio.
Se visten de orgullo y fuerza,
pero ciertas noches les traicionan
y lloran solos, callados.
Permanecen con la añoranza intacta,
sin encontrar la forma
de catalizar lo que sienten.
La adaptación duele y deben callar,
y aparentar fortaleza y sonreír,
aun sin correspondencia.
Guardan sus costumbres en secreto,
para adquirir las ajenas,
hasta convertirse en mutantes.
A pesar de su temor a lo extraño,
refuerzan su determinación
y continúan su búsqueda.
Recorren el mapa,
hasta enterarse de tajo,
que lo anhelado, simplemente ¡No existe!


