Me hallé, al caminar por la playa, éste caracol, con muchas historias adentro. Me platica que nadó y nadó, por la cristalina inmensidad, para que yo lo encontrara, así de brillante y lindo, dándose baños de arena y sol.
Dice que juega siempre, con los amigos que tiene; y lo más divertido es, con los peces chicos, con otros moluscos, y tortugas, que son los que nunca, se fijan si se hace tarde. De donde les viene la fama de despreocupados.
Cuenta que desde bebé, los caballitos de mar, muy amigos de mamá, le enseñaron a nadar, llevándolo en su lomo, con extremo cuidado; hasta asegurarse, de que ya era capaz, de desplazarse solo, de cuidarse sin llevarse grandes sustos.
El caracol, me está enseñando a mí, para que vayamos a jugar, entre barcos y tesoros, hundidos de piratas; o entre los corales, de los arrecifes, que yo todavía, no sé como son.
Es pura alegría, cuando me detalla, como si fuera, apenas un hallazgo, la hermosura de su casa y el amor de su la familia, que lo espera… El caracolito que vino por mi, desde el más lejano mar (final clasificación A). Donde también vive, muy feliz Alfonsina, y es quien administra, la cadena de joyerías de las sirenas, desde que la dieron por perdida (Final, clasificación B).
* * * Y si es B aunque no contenga escena fuerte, sexual o violenta, pero de aquí pueden empezar los niños a tomarle el gustito a quemar las arcas, cuando las cosas no les funcionen y aparecer muy campantes en otros lados, hasta con otras identidades. ¡No señor! no contribuiré en ese asunto.
* * * Y si es B aunque no contenga escena fuerte, sexual o violenta, pero de aquí pueden empezar los niños a tomarle el gustito a quemar las arcas, cuando las cosas no les funcionen y aparecer muy campantes en otros lados, hasta con otras identidades. ¡No señor! no contribuiré en ese asunto.


