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domingo, 11 de septiembre de 2011

Pero, no tanto


No recuerdo,
cuándo fue la noche triste de Hernán Cortés.
Tampoco, conjugar ciertos verbos.
Ni si se suman los catetos o la hipotenusa
en el Teorema de Pitágoras.

Pero nunca olvido,
 los efectos de tus manos en mi cuerpo,
la resonancia de tu risa,
ni el gesto involuntario,
de tu ojo izquierdo, cuando te agrado.

Menos podría olvidar,
lo que tu voz me provoca,
con la forma loca como dices,
cuando algo te parece lindo,
o cuando no mucho, también.

No sé qué tan trascendente,
deba ser Cortés en mi vida,
como tantas otras cosas que aprendí,
si cuando tú me besas,
se me desaparece todo lo demás.

Indudablemente, hay datos, fechas,
formas y procedimientos, muy importantes,
que uso para desenvolverme.
Pero… No tanto, para vivir,
como lo concerniente a ti. 

viernes, 9 de septiembre de 2011

Pomponio mi payasito


Pomponio mi payasito,
es de lo más juguetón.
Se despierta muy temprano,
siempre de buen humor.

No le gusta su nombre,
dice que se llama “Pom Pon”,
y aunque ensaya casi siempre,
no aprende ni una canción.

Presume que en el circo,
es la principal atracción.
a sus hermanos pequeñitos,
que lo admiran con devoción.

Pero todos los demás muñecos
saben que no es así.
Que dice muchas mentiras,
con tremenda imaginación.

Esta es la versión de Moly,
la muñequita de la capital,
que dijo ser azafata,
al adquirirla en la terminal.

Ay, a esos muñecos,
no sé les puede creer,
Tanto uno como el otro,
son igual de fantasiosos. 


miércoles, 7 de septiembre de 2011

Recuento



Las cosas cambian,
ya no eres la misma,
se te acabó la juventud. -Me reprochó-.

Primero,  me invadió su nostalgia,
y extrañé el candor de aquellos años
y la firmeza de mi carne,
que conoció tan bien.

En silencio busqué sus ojos,
mi sitio predilecto de él.
Sus lágrimas desbordaron las mías.
Tan fácil que soy para tristear.

Me sentí molesta, saturada,
con su: “Ya no me gustas”,   
pero su actitud, traicionaba su boca
y frené el pleito con silencio.

Para, asimilar el fondo de la descarga,
que lanzó sobre mí.
Con morbo evoqué,  muchos recuerdos, 
en lo que decía no sé qué más.

Muy perversa, repasé cada vivencia 
su fuerza, virilidad, su manera de amarme,
todo, todo, de cada escena pasada,  
comparando con el ahora y aquí.

¿Por qué te sientes viejo?
Si, ¡me gustas más ahora! -le dije-
con una voz hecha de sentimiento
más que sonido, que lo desarmó.

Descorchó las caricias y los besos,
de su  reserva especial.
Estrenó mi piel tan recorrida, 
y nuestras almas,  muy nuevas,
se licuaron sin moderación.
¡Eres adorable, nunca cambies! –pensé que dijo-