No recuerdo,
cuándo fue la noche triste de Hernán Cortés.
Tampoco, conjugar ciertos verbos.
Ni si se suman los catetos o la hipotenusa
en el Teorema de Pitágoras.
Pero nunca olvido,
los efectos de tus manos en mi cuerpo,
la resonancia de tu risa,
ni el gesto involuntario,
de tu ojo izquierdo, cuando te agrado.
Menos podría olvidar,
lo que tu voz me provoca,
con la forma loca como dices,
cuando algo te parece lindo,
o cuando no mucho, también.
No sé qué tan trascendente,
deba ser Cortés en mi vida,
como tantas otras cosas que aprendí,
si cuando tú me besas,
se me desaparece todo lo demás.
Indudablemente, hay datos, fechas,
formas y procedimientos, muy importantes,
que uso para desenvolverme.
Pero… No tanto, para vivir,
como lo concerniente a ti.

