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miércoles, 21 de septiembre de 2011

Cualquier nombre



Tembloroso y cansado, me pidió amparo, pero mi desamparo, me negó protegerlo. De todas formas, siguió cercano. Varias jornadas, destinó a observarme a una distancia prudente.

Me provocaba molestia su presencia, y a él mucha lástima mi desdicha, envuelta en tanta soledad. Me acompañó a distancia, comprendiéndome. Lo rechacé mil veces, él me perdonó otras tantas. Le demostré mi disgusto y  persistió.

Hasta que me llegó herido, jadeante, dando tumbos, muy pestilente. No pude mantenerme tan egoísta y ciega. Lo curé, lo bañé, con mucho remordimiento. Él arrancó esa tarde, todo  mi sufrimiento a lametones.

Le dije cualquier nombre. Sonrío y agitó vigorosamente su rabo, para resucitarme.   

martes, 20 de septiembre de 2011

Esas teorías




En ocasiones vibramos a los mismos kilociclos,
hacemos elecciones equitativas,
pareciera que somos uno extensión del otro
y todo transcurre parejo.
¡Cuánto te amo!

Otras veces,  nuestras cargas energéticas
nos traicionan: si tú dices si, yo digo no,
si yo voy, tú vienes.
Explotamos con una fuerza capaz,
de ionizar nuestras moléculas.
¡Cuánto nos odiamos!

Pero ¡Ay Dios!, cuando la cinética actúa,
nuestro campo de energía se expande,
demostrándonos, que velocidad es igual
a distancia entre tiempo,
y que la teoría de la relatividad,
con la equivalencia entre masa y energía,
es lo más sagrado.

Entonces, no sé de cierto,
si te amo por ti, o por todas esas teorías,
físicas y químicas, que elevan al cielo,
todas nuestras partículas,
desde el primer contacto.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Carmen


Carmen se enamoró muy joven,
a los dieciocho se quedó,
con tres consecuencias y sin él.

Lloró un tiempo
y volvió a creer. Muchas veces más,
volvió a creer.

Cada hombre,
le fue robando algo,
poro a poro, pedazo a pedazo.

Pero, cuando agota una ilusión,
otra ya está en ciernes,
siempre vuelve a creer.

Cada relación es peor que la anterior,
en eso gasta todos sus días,
con tal de no estar sola.

Goza platicando sus vivencias,
maravillas de su fantasía,
“se deja querer” –dice.

Pero, se desborda en darse a ellos,
queriendo atrapar a su último tren,
en cada abordaje sin cesar.

“Éste si es diferente” –asegura,
hasta que encuentra
otro hombre “más diferente”.

Ya ni siquiera sufre desilusión,
sólo cambia de propietario,
sus hilachos de corazón.

Está tan sola que nunca lo está.
No pide, no recibe, no vive…
pero nunca se calla.

Tiene miedo de que al hacerlo,
ya no pueda resollar.
Sonríe y siento escalofrío.