Si no me importó
gastar mis jornadas,
soñando ilusoriamente
que podrías ser esencial.
Y que en el encuentro
mantendríamos las ganas
de romper las rutinas,
de ganarle al destino.
Si no me importaron
los ajetreos, ni los viajes,
ni las temporalidades,
para que esto no se oxidara.
Con el impulso continuo
de continuar nuestra esencia,
y refrendar el beso,
mil veces más.
Si no me importó…
¡Tú sabes cuánto no me importó!
¿Cómo te digo ahora,
que en este desdichado capítulo,
no hay más tinta para ti?


