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martes, 17 de enero de 2012

No es olvido. Sor Juana Inés de la Cruz

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Dices que yo te olvido, Celio, y mientes,
en decir que me acuerdo de olvidarte,
pues no hay en mi memoria alguna parte
en que, aun como olvido, te presentes.

Mis pensamientos son tan diferentes
y en todo tan ajenos de tratarte,
que ni saben ni pueden olvidarte,
ni si te olvidan saben si lo sientes.

Si tu fueras capaz de ser querido, 
fueras capaz de olvido, y ya era gloria
al menos la potencia de haber sido.

Mas tan lejos estás de esa victoria,
que aqueste no acordarme no es olvido
sino una negación de la memoria.  


* Fragmento XV de "Sonetos". 

O lo que es lo mismo:
¿Quién eres... acaso te conocí? Única con ese prodigioso talento y rebeldía (Nov1651-Abr1695) "La Décima Musa" o "El Fénix de América". Su biografía

viernes, 13 de enero de 2012

Tristezas por flores

Llorando estaba por una decepción, en un rincón alejado del patio, de la casona, misma en  donde habían vivido varias generaciones de su familia. 

Las lágrimas, provocaron que no calculara un relieve del adoquín, y casi se cae, cuando iba a  sentarse. Al trastabillar golpeó el equipal, y se desprendieron dos tachuelas,  que sujetaban el  cuero del asiento en el redondel. 

Al tratar de clavarlas con el tacón de uno de sus zapatos, notó que había algo dentro. Era un cuaderno de la abuela con recetas misceláneas, que con una caligrafía muy estilizada decía en la hoja central:

“Tristezas por flores”

Cuando haya tristeza, siembra una semilla, que cuidarás con esmero, a la que pedirás razones suficientes para olvidar y perdonar.  Al ver la flor naciente, su belleza borrará todo vestigio de malestar. 

La sola idea le animó mucho y más tratándose de una pertenencia tan íntima de su abuela. 

Sembró una semilla de geranio, en la primera maceta que encontró abandonada y en pocos días vio brotar la primera flor de un naranja muy intenso. Pero se veía muy sola. Así que fue consiguiendo semillas, hasta que llenó aquel jardín con macetitas con gardenias, margaritas, girasoles, hortensias, jazmines, nardos, rosas, claves… Cada flor le invitaba con su color y aroma a sembrar otra y otra y otra. 

Comprendió el amor que desconocía de la abuela hacia las flores, a quien no alcanzó a conocer en persona, y encontró motivos muy bellos para sonreír, aún en los malos momentos. Hizo en el patio, la morada de la felicidad multicolor y aromática, que cuidaba con la alegría de su convivencia simbólica con la abuela, cada vez que requería dosis de equilibrio. 

Cuando estaba sola la casa, las macetas jugaban mucho, en su ejercicio por catalizar las emociones negativas recibidas. Trepaban al techo para platicar, cantar, corretear o simplemente tenderse y dormir mientras se  asoleaban para mantenerse esplendorosas... Así fue como estaban un día al regresar antes de la hora habitual. En fila, muy derechitas, pero tan nerviosas tratando de disimular y sin poder aguantar sus risas.


martes, 10 de enero de 2012

Paisajitos rosas


Un payaso advenedizo, sin título legal ni jurídico para tal acción, se proclamó emperador de uno de los lugares más curiosos de un país excesivamente rico, en donde por cientos de años se habían admitido personajes como él; aunque un poco menos ignorantes, crueles y tiranos.

El rey del mundo, se alegró, los acaudalados se alegraron, los emperadores de veintitantas regiones se alegraron, los maleantes se alegraron, los ignaros se alegraron, los menesterosos se alegraron.

Las últimas dos fracciones en poquitos meses lo odiaron, pero unos sumisos y otros ladinos, en las constantes ceremonias, le seguían alabando y rindiendo pleitesía, ante los invitados especiales de las otras comarcas, en que se ostentaban todos los  lujos imaginables.

El emperador y sus amigos, los demás emperadores, urdían la manera de reinstalar el poderío total de la monarquía infinita, que había sido abolida recientemente, después de intensas lides. Periodo en que se llevó a cabo la mayor excentricidad registrada: Pintar de color rojo todos los lugares más curiosos; rojo bermejo, carmesí, bermellón, grana, fucsia, tinto, hematíe...

Aquel lugar curioso, antes mayormente gris y café, árido, industrial y productivo, empezó a sobresalir en los buenos escaparates, por sus árboles, edificios, casas, calles y ríos en las calles… en fin: personas, animales y cosas rojos.  Rojo por allá, rojo por más acullá, rojo por todas partes. Un rojo que de tan brillante y permanente, empezó a calar:  los ojos,  la mente, el corazón, el ser completo.

Se supo hasta en las legiones más distantes.  De boca en boca, también llegaban de esas otras tierras, a llevarse testimonios y fotografías de ese lugar tan irreal y exótico, para mostrarlo a quienes no pudieran dar crédito a algo así. Creyeron que tal irrealidad no debía mantenerse. De inmediato se enteraron en el mundo y hasta en otras galaxias.

El emperador exuberante, ordenó pronto la realización de saraos, festines y comilonas, con mensajeros, representantes y todo tipo de personalidades destacadas e influyentes, nacionales, extranjeras y extraterrestres, para  hacer recorridos por todo su señorío y repartir preciados obsequios o firmar jugosos contratos de compra venta, de reventa, de import-export, con finura y condescendencia, que todos recibían con gran emoción y beneplácito.

Conforme repartía los tesoros, de aquél sitio curioso, los árboles, las calles, los perros, los gatos, la gente nativa, las palabras, se fueron decolorando y perdiendo su rojo brillante.  Mientras los visitantes acariciaban sus obsequios, absolutamente todo iba surgiendo a su paso de un color rosa sutil y delicado.

El café y el gris, quedaron de fondo para siempre, algo más desoladores. El rojo nadie lo recuerda, nadie lo vio, nadie lo olió, nadie lo temió.  El lugar curioso y ya famoso por tan curioso… curiosamente luce desde el mismo momento de la orden: "¡solo paisajitos rosas!". Rosa tenue, rosa calmo, rosa silencio, rosa soledad, rosa: ficción, imposición y alienación.

El payaso ahora es reconocido como mago adorado, cargo que perfeccionará a tope, para sentarse juntito al emperador máximo, también color de rosa, ante las bocas abiertas y rosas de todos los lacayos y súbditos, estupefactamente rosas. 

Me asomo a la ventana para disipar mi preocupación, por ver mis manos, que se me han ido coloreando de rosa mientras termino este cuentito y veo pasar a esta niña, rumbo al destino comprado.  Voy por acetona o lo que sea necesario, antes de que el espejo me grite: ¡Rosa, rosa, tú también estás bien rosa! No quiero escucharlo con su tono burlón de los últimos días.
 
Imagenes Faleroni

* Espero no haberlos agobiado con tanta inocencia de mi cuento infantil y rosa de hoy. Es cuento. Te prometí un cuento rosa, Mariluz.