Manos fuertes y decididas,
en la harina con grasa y
sal,
azúcar, levadura y más...
Manos ágiles y
creativas,
modelando piezas y más piezas,
de diferentes nombres-
texturas- tamaños- colores- y- sabores.
Muy semejantes las de cada clase,
aunque iguales...¡ jamás!
Manos que luego acomodan,
los panes crudos con exactitud,
-ni muy juntos, ni muy separados-
en las charolas, donde primero crecerán,
en un ambiente húmedo y cálido,
para después cocerlos a precisión,
dejándolos en su punto.
Manos que durante
las horas,
se esfuerzan, danzan,
acarician y tamborilean,
con alegre generosidad;
para hacer el milagro,
de saciarnos el hambre,
con exquisito placer,
desde el primer bocado.
*Defensa de los oficios.
