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miércoles, 6 de febrero de 2013

Turismo y migración

La imagen de Cristina Faleroni, aquí a su sitio

Qué fascinantes son casi todas las ciudades, cuando no las vivimos. Estando de vacaciones, hasta quisiéramos quedarnos a vivir allí. Desde que revisamos la información turística, imaginamos emocionados. Hacemos maletas compactando nuestras pertenencias, con muchos retazos de ilusión, listas de actividades y lugares por conocer,  ¡como niños!

Y si durante nuestra estancia, todo corresponde a la elección de lo contratado, nivel de servicio, hospitalidad, belleza; seguramente, antes de finalizar esos placenteros días, ya estamos pensando en la posibilidad de regresar pronto, para conocer más a fondo, o quizá en la aventura de quedarnos, "así como así", fastidiados por tantas dificultades que estamos sorteando en nuestro lugar de residencia y encandilados por emprender en un nuevo lugar, confiando en el potencial personal.

Pero la crisis mundial actual, pensando más en la moral, que en la económica, ya no sostiene ni con sofisticadas mentiras de promoción constantes esos "edenes" de tiempos pasados ¡Cuídate, no te expongas! Si vienes para acá, no lo hagas "a la aventura", si no es posible que viajes a un buen nivel y con todos los servicios previamente programados, mejor no vengas. Qué pena...


*La verdad es más hospitalaria y leal.

martes, 5 de febrero de 2013

Abrázalo

El mejor abrazo para un ser humano nuevo, que le hace sentir:
 Cómodo

 Seguro



 Tranquilo
 Amado
Y, Le Inmuniza, entre otras muchas ventajas...

Ese abrazo le sostendrá por siempre y es la mejor manera de decirle "te amo".

Ten hijos hasta que puedas amarlos y abrazarlos con todo tu ser, ¡así! Para que después, cuando ellos crezcan, seas tú quien pueda dormir sin preocupaciones.

Pues: Si tú no los educas, la calle será quien lo haga, lo que te provocará todos los develos imaginables y la culpa será solamente tuya!!!


Además, ningún ser humano merece el abandono y la falta de protección, ya que es un derecho elemental.

sábado, 2 de febrero de 2013

La casita



El hongo que estaba bajo el sicomoro, fue la casa habitada por los juegos de Almendra, nombre que se adjudicó, de la protagonista de los cuentos inventados por su mamá y papá.  Cabían en su hongo, muchísimos amigos y personajes, así como todos los tonos de risa, que su felicidad absoluta, le hacía brotar.

En cuanto Almendra llegaba, el hongo brincaba emocionado, avisando así a duendes, hadas, magos, princesas, caballos, aves, monstruos, dragones, gatos, perros, leones, ardillas, mariposas, muñecas, bailarinas... quienes salían de prisa, volando, deslizándose o tendiendo escalerillas, con su ropa anudada, o con manteles, cortinas y sábanas;  por todas las puertas, ventanas, chimenea, con humo de tiza...  para llegar a tiempo de ganarse el lugar del personaje central del juego de esa faena, o el que fuera, con tal de jugar con ella, quien era lo más importante para ellos, contentos con la reciprocidad recibida, conforme al juego escogido.

La vida y el mundo entero, residían completos dentro de esa casa de hongo, que crecía más, conforme a las necesidades de albergue de tantos personajes y fantasías,  haciendo crecer también la dicha de Almendra, que casi siempre se le desbordaba.

Se divertían parejo brujas y princesas, monstruos y caballeros, muñecos y animales, que después de sus grandes batallas, corrían hermanados a lavarse las manos para sentarse a la mesa, en cuanto recibían la orden de Almendra, cuando terminaba de prepararles los pastelitos de lodo con pasto, con té de hierbabuena de helecho, y cocido de estafiate, yerbanís y piedras...

La pequeña se durmió, con el cuento de cuando su abuela era Almendra, e ingresó al hongo por una ventana, llegó hasta la cama del oso más chico, quien se la prestó encantado, en cuanto Mamá Osa dio su consentimiento... Y la abuela, se aferró a ella con toda su fuerza, deseando que se encogieran todas las puertas y ventanas de su casa, y la casa misma... que se haga invisible, ¡y ellas!, para que ningún extraño llame, ni  llegue, ni quepa, ni las vea jamás y estar seguras, sin miedo.