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viernes, 1 de marzo de 2013

Dorita en el banco



Muy de prisa entró Dorita al banco, ya casi por cerrar, en viernes. Airosa, exquisita, muy esbelta, con falda negra ceñida y zapatos tan altos que le resaltan sus bien torneadas piernas. Hace fila, está muy larga. Mira el reloj, calculando si alcanzará a terminar todos sus pendientes. Aunque la conocen por ser cliente frecuente, no logra que ningún funcionario le evite la espera,  están todos muy ocupados con otros clientes. 

Siente las miradas de la concurrencia en ella, a lo que está acostumbrada por su atractivo… Conforme transcurre el tiempo, siente más  miradas, se deleita, es arrogante.

Algo muy suave le roza los tobillos, mira y Oh!  es el medio fondo que se le fue deslizando. Ruborizada ojea en todas direcciones, para aprovechar un momento en que no la observen…  mediante un pasito se libra de la prenda, que deja en el piso.  Luego se agacha con suma discreción y lo recoge. Como prestidigitadora lo mete a su bolsa y respira aliviada de que nadie lo haya notado. Pero su vergüenza, le impide vigilar a los demás. 

Llega a la ventanilla, saluda al empleado con quien improvisa plática, para distraerlo,  ya que el fondo guardado tan de prisa, no le deja  sacar el dinero de su bolsa, que quedó debajo. Invade un silencio absoluto.

El empleado le susurra: ¡Ya sácalo Dorita, que todos te vimos! La gente no puede contenerse y ríen todos a carcajadas. Ella, sin remedio coloca la prenda sobre el mostrador y mirando el lente de la cámara de seguridad, le pregunta al cajero también muy quedo: ¿Habrá quedado grabado? Él asiente con un movimiento muy leve, casi imperceptible... pero estando todos pendientes, sin remedio, se escucha otra avalancha de risas, en lo que terminan con su depósito. Sale rapidísimo por la puerta de no volver jamás.

jueves, 28 de febrero de 2013

La claque


Se cuenta que una ciudad muy importante y próspera, gracias a una claque, está perdiendo todas sus cualidades. Mataron unión, dignidad y coraje de sus habitantes, con la complejidad de supervivencia, ilegales ultrajes seriados e impunidad. Nadie se queja, ni se rebela, ni piensa ya, en la ciudad que está siendo encogida con manoseo, desfiguro y  violación.

Resiembran jardines, angostan amplias avenidas, y agrandan glorietas, para dificultar al máximo la libre circulación. Los parques, desde sus adoquines, si son cuadrados, los cambian por hexagonales, si son grises los cambian por color beige o ladrillo. Igual con las fachadas de edificios de gobierno; ya sea poniendo techos en el exterior, para que los empleados se fumen felices las jornadas, durante la extenuante espera del siguiente pago; o modificando detalles insignificantes de diseño, para dejarlos como vieron en los yunaites.

Arrasan igual con personas, establecimientos y empresas, no miembros de esa claque. Cobran, recaudan, multan y remultan a la población, porque el presupuesto no les alcanza para tantos caprichitos a costos estratosféricos. Derriban, remueven, cambian e intercambian piezas, monumentos, capillas y cualquier construcción, para aniquilar la memoria de la colectividad y de paso decorar las propiedades de don Peculado, con lo que se extravía en las maniobras.

Los encargados de cuidar lo antropológico e histórico, igual, permitiendo y progresando. La pobreza, que por ninguna parte se asome, pues desprestigia informes, versiones y promociones. Se removió a zonas más inefables, inaccesibles, donde apesta a incuria, a infamia, y a literal penumbra.

Cerraron con concreto, toda posibilidad de acercamiento de los infortunados a los nuevos escaparates y balcones que han ampliado, para que en los festines, todos los integrantes de la claque, puedan tomados de la mano, jadeantes y extáticos, otear a quienes tienen convertidos en una masa neutra, enferma y deforme, que asfixia su lamento prohibido, para solamente lanzar proyectiles de pensamientos y miradas del odio acumulado, antes de que exploté sus vísceras.


martes, 26 de febrero de 2013

El SPA del alma de Alma

No siempre le fue bien económicamente a Alma, en realidad tuvo que afrontar una época de serias penurias. Fue tan oportuna la compra antes de su quiebra, de un par de libros de cocina, de esos grandes, gordos y hojas tamaño cuartilla, con papel muy fino e ilustraciones de cada platillo. 

... Con cien pesos hacía la compra de la semana, ¿para cuánto alcanza eso? Fideos, espagueti, arroz, frijol, café, a veces pan, jabón… ¡párale de contar!  y a tomar la fruta de cualquier árbol del vecindario, de esa sagrada tierra tan fértil. "Antes padecer algo de hambre que no pagar el alquiler o los servicios, o pedir favores a gente inconveniente".  Más intuitiva y desconfiada, en medio de su soledad y vulnerabilidad. 

El refrigerador resistió a base de recipientes con agua, que de tan vacío empezaba a tronar, estallidos recordatorios de su estado. Las comidas se convirtieron en café por las mañanas y las noches y solo una vez, con esos productos, a medio día, a veces con sal, un poco de grasa, nada de sazones. Abría sus libros de cocina y mientras masticaba muy lentamente, recordaba los sabores tan gozados antes, agradecida de haberlos conocido, sintiéndose rica por ello, soñando con elaborar los que desconocía después.  

Fue como ingresar el alma de Alma a un SPA, el ciclo de su mayor cosecha, atrapó todas las cosas que importan para sobrevivir y después vivir con toda la fuerza que encontró, esa tarde tan definitiva y lluviosa, de nubes metálicas, con el sol por fin aguardándola, exactamente en el centro de aquel reto tan profundo, cuyo acceso le parecía más lejano de lo que realmente era, por el miedo de lo que encontraría, a ella misma, perfecta desconocida, sin vestigios de vanidad.