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miércoles, 17 de julio de 2013

¡Eres una estrella de cine!



No sé la marca de los electrodomésticos, si acaso alguno había, ni que estuviésemos ansiosos por adquirir el mejor y último modelo de objetos. Ni cómo era la fachada de la casa, ni los nombres y la cantidad de estrellas de los hoteles cuando vacacionamos. Ni la angustia de pagar cuentas por haber comprado de más, o por presumir de lo que no podíamos tener...

Pero, recuerdo perfectamente, que ya fuera con frío o calor, con lluvias o sequedades, bonanzas o escaseces:

-Nunca me faltó el mejor cuento, sueño, ilusión, compañía, abrazo y beso de mi madre.  Inolvidable su aroma, dulzura, ternura, comprensión y también firmeza. 

-Tampoco me faltaron los juegos, bromas, “chanzas” y ocurrencias, de los hermanos, con que nos reíamos todos juntos. 

-Así como la gran sensación de seguridad, respeto y protección, de saber que mi padre estaba llegando a casa, después de trabajar todo el día. Un gusto y un orgullo era recibirlo de vuelta.

No creo haber estrenado mucho, siendo yo la quinta y más chica. Pero recuerdo como si hubiera sido hoy, que al arreglarme mi madre cuando salíamos a pasear, mi papá me hacía darme una vuelta frente a él y que luego me decía: “¡Guau! Quedaste como una verdadera "estrella de cine”... Yo no dudada que era esa "estrella de cine”, ¡si lo decía mi papá!... dándome con eso, toda la seguridad en mi misma. 

Hoyningún objeto, ni todos los lujos juntos, me levantarían más alto en cada caída, que aquellos momentos tan felices, que se quedaron adheridos a cada partícula de lo que soy y, razón primera para defender con la fuerza que sea necesaria, que nada, ni nadie, me haga perder el sabor único, sutil y anisado que tiene la felicidad.


domingo, 14 de julio de 2013

Válgame



Suficientemente adulto y con tiempo libre, desde su jubilación, pero hastiado de los lugares comunes con sus amigos, se creó una isla de la cuál un día quiso salir, socializando con cuanta persona iba topándose en lo cotidiano, que hasta citó a los visitadores de ”Los días excepcionales y prometidos que están por venir si te descuidas”, a quienes siempre había mantenido a raya, de feísima manera. 

Les recibió con bocaditos y limonada con hielo frappé,  yerbabuena escarchada en azúcar glass, cereza y demás, y para él, un anisadito –que  también ofreció a ellos, pero que le rechazaron, por el alcohol. 

-A ver, me interesó, que me dijeron que deseaban ¡Mucho! que platicáramos... ¿De qué podría ser? 

-Bueno, nosotros queremos platicar contigo de... la vida… el amor,  las relaciones… los pecados… las virtudes… las creencias –Fueron intercalando los dos chamacos rubios, tímidos y demasiado precavidos-

-¡Válgame Dios! ¿Y para eso estuvieron dándome tantas vueltas?… siendo tan sencillo, si hubieran ido al grano desde la primera vez ¡Ay qué pena siento! Por favor, ¡discúlpenme! ¿Qué habrán pensado de mi… apatía y falta de… consideración. 

-No importa, no te sientas mal… nunca es tarde… para un acercamiento…"hermano" -Contestaron a coro-

-Bueno… siendo así, por dónde quieren que empecemos. ¿Qué es lo que con tanta intensidad, desean que les explique, este viejo?

  

martes, 9 de julio de 2013

¿Tá Saldita?



¡Las dos palabras mágicas que me abrieron a la amistad!  Yo tendría 5 años. Frente a nuestra casa, vivía Matilde, más chiquita, me descubrió y un día llegó a mi casa, quizá tendría unos 3 años, todavía con dificultad para pronunciar ciertas palabras, como mi nombre, pero con excelentes ideas y motricidad… fue quien me enseñó a jugar fuera de casa, a caminar descalza, a comer hormiguitas, o a quemarlas con una lupa de su abuelo y sol, a comer bocados de adobe, combinados con moras y duraznos, sin lavar, de los árboles de su patio, al que trepábamos ayudadas de una soga huraña, enlazada a una rama, que nunca se cansó de rasgarnos la piel. 

Matilde adoraba la pastelería, ella hacía el batido del lodo, el horneado, en formitas o cajitas de lo que fuera, al sol, en lo que jugábamos a otra cosa y luego ya desmoldados,  yo las decoraba…  ya sabes, con piedritas, ramas, pétalos de flores.  También hacíamos tinturas o perfumes, con todo tipo de ingredientes naturales que molíamos en un mortero improvisado.

Yo le compartí a mis duendes y hadas que vivían en el hongo, debajo del álamo de mi casa. Ellos, felices, nos incitaban, nos daban mil ideas, que nosotras realizábamos con bastante soltura, la misma que me fracturó un brazo, cuando terminé en el piso las “ruedas de carro” que ejecutaba sobre la barda, nuestra "barra de equilibrio”. Quisimos no divulgar ese percance gimnástico, pero mis chillidos, nos delataron.  ¡Ni me dolía tanto!, pero lloré y lloré, al ver mi codo del lado contrario a donde por lo general  lo llevamos puesto. A mi madre se le desorbitaron los ojos  y casi se desmayó. Ya con yeso -aunque nos reímos mucho (Matilde, duendes y yo) después de mi caída- me dolía más el 5 con que calificaron mi acto duendes y Matilde, que el brazo;  pues ella, mucho más chirota* que yo, siempre me ganaba y por nada lloraba... solo una vez, de rabia, cuando me burlé porque no podía brincar con los dos pies simultáneamente. Muy digna se fue, lo intentó sola y un día regresó para mostrarme que ya podía… abrazadas celebramos, precisamente con brincos y más brincos.  Jaja!

En la eternidad de mi convalecencia, tuvimos que acatar no chirotear. Transcurrían las tardes y nosotras sentaditas en los escalones de mi casa, o coloreando, comiendo dulces o heladitos de fruta, que hacíamos… y así. Yo le contaba cuentos y ella a mí supersticiones y mitos, ni idea cómo las aprendía.  Poseía demasiados dones, agarraba moscas, las echaba en las telarañas, y cuando salían las viudas negras a comerlas, las mataba a pedradas.  Fue tan generosa, lo que a mi mamá le disgustaba horrores… pues me compartía todo lo que sabía y lo que tenía, incluyendo piojos, ¿qué había de malo?, siendo tan mi amiga, con todo y que nunca pudo decir bien mi nombre… era alegrísimo escucharla: -¿Ta Saldita? -cuando llegaba por mí, para que saliéramos a jugar-



*Autobiográfico
*¿Está Sarita? = ¿Tá Saldita?
*Chirota: palabra que ya casi no se escucha, pero que se usaba mucho: inquieta, vaga, traviesa, atravancada, brusca, solo en femenino.