Sobran razones para desconfiar, para descreer, para odiar y morirnos en vida. Cuesta trabajo despertar ante un mundo secuestrado, en que se han democratizado las injusticias y las sinrazones. No porque a todos nos vaya mal; por costumbre, solo le va mal al pueblo, y, al sumar pueblo tras pueblo, ya nos vamos generalizando, globalizando y democratizando en el mal estar y vivir.
Mueren los hombres buenos, mueren las mujeres buenas. Duele, se siente el sufrimiento, en la piel en los ojos, y en algo que nos queda muy adentro, que quizá ni tengamos, pero a mí me tranquiliza creer que más adentro que las vísceras, algo bueno tenemos.
Esas personas, aun cautivos, humillados e incomprendidos, siempre encontraron la manera de ser libres, liberando su alma, para desde el fracaso constante, mantenerse luchando por otros, antes que por ellos, y resistir y sobrevivir, sin abandonar la ruta del amor, desafiando todos los obstáculos que les erigieron para inmovilizarlos.
Podemos seguir esos escasos ejemplos, que se están agotando, de hombres y mujeres buenos, para ser pequeñas e ignoradas luces, ante la inmensa oscuridad, o echarnos a perder en 3 segundos, con las sobradas razones para desconfiar... descreer... De cada uno depende descubrir lo conveniente, es elección personal.