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viernes, 7 de marzo de 2014

El semblante

Un hombre entrado en años, muy apuesto y con un gran sentido del humor, enfermó. Se ve precisado a las constantes visitas al médico. Razón por la que se va desarrollando un trato muy cercano con el especialista. En una ocasión que llega a su valoración periódica, el médico le recibe todo amabilidad y en su afán de contagiarle optimismo, le dice:

-¡Qué buen semblante tiene hoy señor Ramírez!

-Nunca he estado malo del semblante, doctor -en tono muy serio.

-Me refiero a que se ve usted muy bien.

-Lo sé, lo sé, doctor, siempre me lo han dicho, créame que estoy acostumbrado a oírlo. Pero, mi enfermedad, ¿qué me dice de mi enfermedad? No vine por piropos, sino a revisión. -en tono aún más serio.

Algo desconcertado, el médico lo mira con atención, intentando comprender el sentir de su paciente, creyéndolo malhumorado, triste. Es cuando el señor Ramírez no pudo contener más la risa, pues estaba bromeando. Ríen a carcajadas, suelta y despreocupadamente, a carcajadas. Hasta que interrumpe el silencio. El médico no sabe cómo explicarle lo avanzada que está su enfermedad. El paciente lee el semblante del médico y resuelve:

-¿Qué, doctor... voy a ser el más lindo del panteón?

Vuelven a reír, con mayor estruendo. 

Al poco tiempo, se fue feliz con la muerte, que se prendó de él, por su hermoso semblante.



jueves, 27 de febrero de 2014

La verdad sobre el chisme del cuentista interactivo

Imposible acortar el tamaño del título de esta entrada, siendo la dilucidación de lo que captó la atención de críticos, promotores y amantes de literatura, sobre aquel afortunado cuentista, que logró la interactividad absoluta con sus lectores. "Absoluta", no es exageración, aún están trabajando los especialistas para crear el adjetivo de lo sucedido. No hay todavía palabra para denominarlo.

Quienes lo vivieron, dijeron -por eso es una verdad- Ya que el chisme, por lo general es producto de la imaginación que va de boca en boca, de muchos que por lo general no estuvieron en un suceso, per con la habilidad de convencer con su versión –es importante aclararlo-

Resulta…  que el cuentista citado, cansado de los métodos de escritura en boga, se fijó la meta de introducirse en los pensamientos del lector. Con grandes esfuerzos y sobre todo perseverancia, lo consiguió, una vez... varias veces más. Fascinado con la experiencia de su genialidad y ya no pudo frenar. Luego se aventuró con obsesión hasta culminar en la invención de la "corriente interactiva".

Dijeron también, que tanto desarrolló su receptividad, que llenaba cuartillas y más cuartillas, con particularidades, primero, sin gran importancia del lector, como su espejo. Después se convirtió en solo el escribano, de todo lo que el lector estaba experimentando, hasta que por fín, acaparó toda su esencia -del lector- con simultaneidad.

Pero…  como "siempre ha sucedido", con este tipo de creadores, el cuentista se quedó atrapado. Pues en este punto, que pareciera surrealista -si no fuera porque sí sucedió- ya no encontraba su identidad. Supuestamente tuvo por instantes, algo como flashazos, en que medio vislumbraba algo de sí mismo, pero fueron desapareciéndose, junto con la posibilidad de reingresar al propio pensamiento. Ya no percibía sus manos moviéndose al estar creando, lo que podría considerar suyo, que tampoco podía asegurar ya si le pertenecía, en ese nivel de imaginación expandida. 

Le vieron, le sintieron, incluso cuando fue viajando mentalmente, en ese fenómeno desencadenado de mente en mente, colectivo, hasta quedar convertido (el cuentista) en la idea que todos sus lectores imaginaron. 

Nunca encontraron lo escrito por él ¡Ningún vestigio! Podríamos decir, quienes no lo vivimos y que entonces quedamos a nivel de chisme, que no existió. Pero con eso, confrontaríamos tremendamente a quienes sí vivieron la interactividad, que son los únicos que tienen la verdad... esta, que me están dictado.