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jueves, 15 de mayo de 2014

¿Quién es ese tucán?



 

Nació un árbol quimérico. Con ramas muy fuertes y robustas, pero con flores de muchas especies, que se transformaban en una miscelánea de jugosos, nutritivos y aromáticos frutos. 

Acudieron a él centenas de aves, mariposas, abejas, avispas, mariquitas, pulgones, moscas, gusanos… Completándose la cadena alimenticia. Sin embargo, a los animalitos poco les importó comerse entre sí. Era mayor el placer de las degustaciones de los frutos del árbol, y mientras más le comían, más producía. 

Llegaban jirafas, monos, osos, ardillas, inclusive animales carnívoros, que aprendieron a disfrutar de su vastedad de manjares, olvidándose de sus encarnizadas costumbres. Fue normal por ejemplo, que un chango compartiera sus recolectas con un león, o elefantes sirviendo de escalera para las liebres… En fin.

Llegó un tucán hambriento y cansado, al que aceptaron igual. Se posó en una rama supuestamente de la izquierda y en cuanto se repuso empezó a socializar para sobresalir, mediante largas argumentaciones sobre la repartición equitativa, los trabajos compartidos, el bienestar común…. Poca atención conseguía de los moradores de esa comunidad, atenidos a las bondades del árbol y ajenos a esos preceptos, por no serles necesarios, en su hermandad lograda.  

Pero, las aves sí se encandilaron con el dichoso tucán  y, promocionaron intensamente sus mensajes en el exterior.  No se hicieron esperar todos los integrantes de la real rapiña, que a base de labia se granjearon al tucán, repartiéndose los sitios de sus ramas más cercanas, para mantenerlo –por si acaso- fuera del alcance de los demás animales y ayudar a administrar los frutos. El árbol se enjutó y murió.


martes, 13 de mayo de 2014

De globos



Hay globos de cualquier color liso y simple, que para llenarse, requieren tan solo de un poquito de aire cálido de pulmón,  y ¡listo! Quedando flexibles, graciosos, resistentes. Y pueden volar, con  un cordel y un niño dispuesto a correr en su compañía. También saben brincar, rodar, elevarse y caer livianamente, felices con el contacto de las manos infantiles. Hay que ser cuidadosos con ellos... si se inflan más de su capacidad de resistencia, revientan en el primer brinco o rugosidad, y  hasta en el mismo proceso.  

Otros globos hay, de gran diseño, en todos los dibujos o figuras imaginables. Pueden ser brillantes, de muchos colores, llamativos… lindísimos. Pocos niños se resisten a mirarlos, tocarlos y jugar con ellos. Pero, estos globos, no aceptan el contacto, se desinflan, pudiera decir con algo de exageración, hasta ‘porque se les mire’ y entonces quedan sin servir ni encontrar jamás el sentido de su existir, ni la relación costo-beneficio.

Por último, los globos que se llenan de helio… son grandes, quizá más lindos, radiantes y admirables.  Puesto que muchos globos quisieran aprender a ser como ellos. Seguirlos o tratar de alcanzarlos. Elevarse muy alto también. Pero los de helio, suben tan desesperados por su ascenso, que escapan en segundos de las manos de los niños, dejándolos llorando su impotencia y desolación. Estos globos se elevan sin quedar asidos ni a la rayita del horizonte.  No saben servir. 



Ya mejor me retiro en este globo aerostático, movido por la ilusión de encontrar excepciones.



Parece que el helio es a los globos, lo que el ego a las personas.

jueves, 8 de mayo de 2014

De hormigas


-¿Qué hacen con la azucarera en el jardín? –Interrumpiendo las “labores” de los niños-

-Ah! Le estamos ayudando a una hormiga muy linda.

-¿A qué le ayudan?

-Dio con la azucarera… En cuanto probó lo rica que está, vino a compartir la noticia con todas. Todas quisieron ayudarla y ella les dijo que sí, que sola no podría, ¡jamás!

Vimos que les quedaba lejísimos la cocina y por eso…

-Y… ¿A aquella hormiga, grandota, que lleva esos pedazos de ramitas sola, no piensan ayudarla?

-Veremos que deciden las hormigas… Mmm… yo creo que la vamos a apedrear.

-Pero, por qué, si está trabajando mucho… y se ve tan fuerte.

-Por eso.

-¿Por eso?

-Sí… por egoísta y envidiosa.

-¿Por egoísta y envidiosa?

-Sí, ¡por eso!... Ni pidió ayuda, ni avisó que encontró esos materiales a nadie…  está haciendo su casa para ella sola…  Ni siquiera se ofreció para ayudar a las chiquitas en su problemón de cargar tanta azúcar, desde la cocina. Además, bien se ve como es de presumida y burlona. Vela… Fíjate bien, acércate para que le veas la cara que pone, muy superior, mira por encima  a todas... ¡pobrecitas!

A ésa, al rato la apedreamos…