¡Oh, yo!, ¡que soy tan buena!
cuando juzgo a los malos...
Me convierto en un dragón
con boca de fuego
maldiciendo y condenando
a quienes han errado,
sin pensar un instante
los porqués de su comportamiento.
"La gente mala no se forma en un medio ambiente de amor y bondad" -dicen-
si con su mismo infierno recorrido,
con su misma infancia de mierda,
y si poseyendo sus armas;
les perdonase la vida
cuando me hicieran un daño personal.
Si con la vida normal y tan feliz que llevo
no soy capaz de indultarles
por lo que ni siquiera me han hecho a mí.
¿Qué hago yo, la bondadosa, por frenar la maldad
si todo lo que siento, pienso y expreso
acerca de los malos, lleva la misma potencia
letal, que su maldad perpetrada?
Y esa fuerza
se queda flotando,
en el aire
envenenando a todos
y preservando intacta la maldad
en el formol de mi odio
que yo, siendo tan buena, produzco.


