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sábado, 10 de octubre de 2015

Bondad de pánico

¡Cuánto miedo infundo!
¡Oh, yo!, ¡que soy tan buena!
cuando juzgo a los malos...
Me convierto en un dragón
con boca de fuego
maldiciendo y condenando
a quienes han errado,
sin  pensar un instante
los porqués de su comportamiento.

"La gente mala no se forma en un medio ambiente de amor y bondad" -dicen-

"Buena" podría considerarme
si con su mismo infierno recorrido,
con su misma infancia de mierda,
y si poseyendo sus armas;
les perdonase la vida
cuando me hicieran un daño personal.
Si con la vida normal y tan feliz que llevo
no soy capaz de indultarles
por lo que ni siquiera me han hecho a mí.

¿Qué hago yo, la bondadosa, por frenar la maldad
si todo lo que siento, pienso y expreso
acerca de los malos, lleva la misma potencia
letal, que su maldad perpetrada?
Y esa fuerza
se queda flotando,
en el aire
envenenando a todos
y preservando intacta la maldad
en el formol de mi odio
que yo, siendo tan buena, produzco.



martes, 6 de octubre de 2015

Si al abrir la ventana

Creo que las estrellas no me ven
que los árboles no me conocen
y que la tierra no sabe
más que yo.

Creo que soy más que los pájaros
y ni volar puedo.

Hasta creo que mis sueños son míos
siendo el viento quien me los deja
en la almohada, cada noche.

Todos ellos me toleran
con compasiva ternura
mis complejos e ignorancia.

Y solo al fastidiarlos en extremo
convienen con algún sicomoro
que me lance unas hojas.

Pero tampoco así entiendo
que ellos me superan en todo
y son los verdaderamente grandes.

Pues evito mirar esas hojas
cuando van descendiendo
y espero a que estén ya caídas
para pisarlas con salvajismo.

Si al abrir la ventana
abriera también los ojos
y cerrara mi vanidad,
mi maldad y mi soberbia...