Traductor :

jueves, 3 de marzo de 2016

Continuación acerca del robo

No podría decir que esa tarde fuera fea, porque si me había ofrecido su mano para caminar juntas, en realidad era linda, por más gris que luciera.

Ni que "los arcoiris suelan escoger tardes feas para lucir ellos mucho más".

Estaba siendo muy retorcida, al adjudicarles ese temperamento seguramente equivocado. 

Siendo que podría ser Dios mismo, quien al ver alguna tarde que haya salido "sin chiste", le agregara un arcoiris, para darnos un sorprendente equilibrio.

Sentí  vergüenza por mis juicios, sin ningún soporte real, aunque fuera circunstancial y casual el caminar juntas esa vez, sin recurrencia posible... porque las tardes nacen, vienen a acompañarnos, ofreciéndonos un lapso para que lo usemos a nuestra elección y se van, para nunca más volver. Y, las usamos y gastamos "muy merecidos", porque nos llegan con una naturalidad  que ni les agradecemos, pues nada nos piden a cambio y al irse ni las extrañamos tampoco.

Incluso las inocentes y generosas tardes, mueren, siempre mueren, ante nuestros ojos y nos quedamos inmutables... Incluso, hasta lo gozamos ¿Cuántas veces hemos quedado prendados ante la muerte de una tarde? ¡Maravillados! Y con gran descaro tomamos fotos de cada detalle de su agonía, hasta que queda bien muertita y entre suspiros lo celebramos. Y quien diga que no, miente.

La gente pasaba a mi lado...

Pero sigue pendiente para la siguiente entrada lo del robo, que anticipo: fue en un tris, como suceden casi todos los robos importantes y más rápido que un tris, si andábamos todos evocando, reviviendo y clasificando besos, cuando el tema central podría estar en otra parte ; )

martes, 1 de marzo de 2016

Acerca del robo

Aquella tarde transcurría sin chiste, no taciturna, ni con alguna otra característica, era solo así: sin chiste. Y yo, caminaba de su mano, aburridas, sin rumbo, ni motivo, ni objetivo; fusionadas -la tarde y yo- con una libertad que más nos sabía  a hastío o aburrimiento, que a gozo.   

Sin embargo, no duró mucho nuestra vagancia pueril... pues nos sorprendió un arcoiris, espectacular!! Con la misma actitud caprichosa de casi todos los arcoiris que me ha tocado la suerte de conocer.

Tal parece que eligen las tardes más feas y aburridas: "sin chiste", para luego lucir ellos aparte con toda magnificencia y siendo esta siempre mayor que la de todos los arcoiris previos. Son vanidosos, caprichosos y protagonistas, como queriendo hacernos olvidar a todos los demás.  Y conmigo sí lo logran, yo no recuerdo el arcoiris de cuando tenía 5 años o 17, o 25.... recuerdo este del que estoy hablando.

O quizá sea que yo tiendo al olvido. Pues me dicen, por ejemplo, que el primer beso no se olvida, y la verdad es que yo no lo recuerdo.  El que se me ha quedado revoloteando por los labios y todo mi recuerdo, siempre, ha sido el último, fue un beso desplegable, multiplicable e insustituible como si no hubiera habido un solo beso anterior y para que no hubiera otros besos más.

Puede ser que hayan habido más, pero ese es el yo recuerdo como "el beso". Igual de protagonista que este arcoiris de la tarde reciente y sin chiste  con la que compartí él pequeño trozo de mi vida que voy a contar.

Entonces, aquí no queda... pues hablaré acerca de un robo, como lo dice el título de la entrada.

viernes, 26 de febrero de 2016

De mano levantada

Hoy recuerdo los días de escuela, cuando los profes preguntaban: Quién desea participar?

Yo de inmediato levantaba la mano, pero no siempre tenía la suerte de que me dieran el turno luego luego, y cuando al fin me tocaba, ya no recordaba que era lo que quería decir, jejeje.

Así hoy. Tantas cosas que deseé compartir en estos dos meses y ahora que ya tengo Internet otra vez, no sé ni por dónde empezar, jajaja. Hasta llegué a creer que me quedaría muda, ante la incomunicación por este medio, Qué no fue por gusto.

Por lo pronto: 

Hola... ni crean que se libran de mí así como así, eh! Gracias por sus visitas, por sus comentarios tan alentadores. Sentí muy hermoso, me sentí querida y sorprendida muy gratamente.

Poco a poco... porque si Roma no se hizo en un dîa, Paquimé y Tenochtitlán tampoco, solo imagínense a sus constructores cargando semejantes piedronones al lomo desde quién sabe dónde!

Cuando he visitado pirámides, he pensado, que ya estando arriba y casi por dormir en esa época, y se antojara un vasito de agua... uf, a bajar cientos de escalones hasta ir a la noria más cercana y eso... para luego regresar, quizá con más sed y ya sin sueño. No pensaron en los ascensores, re buena pierna que habrán tenido de seguro de tanto sube y baja. 

Bueno.... que iré pasando por sus casas, esperando también encontrar las puertas abiertas y que estoy muy contenta de regresar.