cuando algo nos desagrada,
el tiempo en pijamas va
de la cocina a su cuarto.
Allí, se arrellana en el sofá
y viendo su película favorita
empieza a consumirnos
con pésimos modales
y coca cola.
Brinco, me zafo y ruedo
hasta el fondo del recipiente
en que nos contiene
cada vez que mete
su inmunda mano
para coger más puñados
de nosotros
y masticarnos.
¡Maldito!

