Somos semejantes pero nunca iguales, favorablemente.
¿De qué estamos hechos? Es muy fácil saberlo. Solo necesitamos una situación sorpresiva. Te invito a hacer un ejercicio.
Las respuestas no me las digas, son solo para ti. Pero puedes anotarlas para que las tengas presentes siempre, para trabajarlas.
Imagina algo o recuerda un suceso muy fuerte positivo o negativo que te tomó desprevenido... como por ejemplo una caída, un choque, un susto, una afrenta, una fiesta sorpresa, un regalo sorpresa, un reconocimiento o desaprobación públicos, descubrir una infidelidad, ser traicionado por quien confiaste, un robo, una despedida, una muerte... Piensa en una situación extrema que hayas vivido.
¿Ya lo imaginaste? Bien... Cómo reaccionaste, lloraste, reíste, insultaste, saliste corriendo, pediste ayuda, ofreciste ayuda, te aislaste, saliste con los amigos de fiesta, buscaste apoyo, te paralizaste. ¿Qué fue lo que hiciste? ¿Cuál fue tu primera reacción?
Y ¿Qué sentiste? Pena, coraje, dolor, miedo, soledad, vergüenza, placer, rabia, indignación, calma, orgullo, tranquilidad, odio, ganas de reír, ganas de vengarte, golpear al primero que cruzara tu camino, ganas de indiferencia, nada... defínelo sinceramente... ¿Qué sentiste?
Bueno... de eso estás hecho. Eso es lo que predomina en ti. Si es positivo, si te hace sentir bien, refuérzalo. Si es negativo, si te hace sentir mal, trabaja para superarlo, solo, con algún amigo, con un especialista. Pero en esta vida y este mundo cada vez más demandante, es primordial la inteligencia emocional para seguir caminando. Porque cada vez que creemos que ya lo hemos visto todo, nos surge una nueva experiencia, para probarnos una vez más y debemos estar preparados para superarlo.
*Probablemente continuará la terapia. Me lo recuerdan, porque últimamenteee... Como están a duro y dale con que vivamos en presente. A uno se le olvida tooodo.