Somos como somos y nadie puede cambiarnos si no queremos.
Compartir alegría, no le servirá de nada a quien se aferra a la tristeza.
Plantear soluciones, no servirá de nada a quien no quiere resolver sus problemas.
Brindar compañía, no servirá de nada a quien vive lamentando su soledad.
Y así con todo lo que podamos citar.
Porque unos ven negro, otros blanco y otros de colores. Aunque la vida nos ofrezca un gama muy amplia de oportunidades y colores.
Pero ni la tristeza, los problemas, la soledad o la oscuridad de otros, pueden frenar a quien tiene las ganas de ayudar, porque también así es, como es... cree que necesitan ayuda cuando los escucha llorar.
Somos como somos y cada uno tenemos diferentes tiempos para llevar a cabo los procesos. Es demasiado simple, quizá algunos nacieron sabiéndolo, pero a mí me ha costado demasiado tiempo entenderlo. Aunque entenderlo tampoco me sirve, porque no cambiaré mi forma de ser. Soy como soy.
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sábado, 27 de mayo de 2017
martes, 23 de mayo de 2017
Bendita generación
Pertenezco a una bendita generación, que de niños salvábamos pájaros caídos del nido, hacíamos trampas para gatos feroces, curábamos perros sin dueño y regábamos jardines.
Jardines donde en las noches en familia, como siempre eran las noches, mirábamos al cielo. Y allí colgábamos anhelos en las estrellitas más a la mano.
Una generación de guerreros inocentes, que íbamos al cine, a pie, en grupo con toda la pandilla del barrio o de la mano de mamá y papá... y que en los intermedios, mejor que ir a la dulcería, jugábamos a correr, rodar o a las luchas por la alfombra de toda la sala. Al frente siempre los más valientes, fuertes y diestros. Pero entre todos, socorríamos al que saliera lastimado.
Esa generación de valientes, que aún con calcetas y pantaloncillos (ellos) y vestidos (ellas) queríamos cambiar lo que estaba mal en el mundo. Después logramos "igualarnos" con ellos, a través de los jeans.
Una generación de valientes revolucionarios, rebeldes que marchamos, protestamos y gritamos, manifestándonos contra injusticias, desigualdades y desequilibrios, seguros de la fuerza de la unidad.
Pero... no pudimos, no fuimos más fuertes que el mal. Y ahora vamos a bordo de barquitos de papel en la mar de incomprensión por la bendita generación actual.
Pertenezco a una generación "emparedado", más maldita que bendita, contenidos por los de antes de nosotros con brutal represión y por los de después de nosotros, con brutal indiferencia. Y solo los sin remedio, seguimos inconformes y dispuestos, aunque nadie nos perciba.
Jardines donde en las noches en familia, como siempre eran las noches, mirábamos al cielo. Y allí colgábamos anhelos en las estrellitas más a la mano.
Una generación de guerreros inocentes, que íbamos al cine, a pie, en grupo con toda la pandilla del barrio o de la mano de mamá y papá... y que en los intermedios, mejor que ir a la dulcería, jugábamos a correr, rodar o a las luchas por la alfombra de toda la sala. Al frente siempre los más valientes, fuertes y diestros. Pero entre todos, socorríamos al que saliera lastimado.
Esa generación de valientes, que aún con calcetas y pantaloncillos (ellos) y vestidos (ellas) queríamos cambiar lo que estaba mal en el mundo. Después logramos "igualarnos" con ellos, a través de los jeans.
Una generación de valientes revolucionarios, rebeldes que marchamos, protestamos y gritamos, manifestándonos contra injusticias, desigualdades y desequilibrios, seguros de la fuerza de la unidad.
Pero... no pudimos, no fuimos más fuertes que el mal. Y ahora vamos a bordo de barquitos de papel en la mar de incomprensión por la bendita generación actual.
Pertenezco a una generación "emparedado", más maldita que bendita, contenidos por los de antes de nosotros con brutal represión y por los de después de nosotros, con brutal indiferencia. Y solo los sin remedio, seguimos inconformes y dispuestos, aunque nadie nos perciba.
sábado, 20 de mayo de 2017
Mar abierto
Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo; primero has de evocar en los hombres el anhelo de mar libre y ancho.
Antoine de Saint-Exupéry
Antoine de Saint-Exupéry
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