Ya el automóvil guía por mí, me quitó la tarea de saber por dónde y a dónde voy. El GPS quedó obsoleto. Conducir también. Conservo mi licencia de recuerdo. Adiós estrés por el tráfico y esas vulgaridades de la antigüedad. En los trayectos puedo hacer otras cosas.
Internet hace mi trabajo, me organiza los días, agenda mis citas, me recuerda compromisos, toma decisiones y con él accedo a lo que sea en donde sea, a la hora que sea.
Se acabaron las filas en bancos y oficinas repletas de gente, qué asco era todo aquello, cuando veía gente, ya todo lo hago online.
Nancy, la robotina que me regalaron en mi cumpleaños, se encarga de todo el trabajo que no hace Internet, o ahí se ponen de acuerdo entre ellos, no necesitan consultarme. Cuida y educa a mis hijos, atiende a mi marido y a mí. Es maravillosa, todo lo realiza en tiempo y forma.
Le regalaremos para Navidad
sus mascotas robots que tanto desea. Más higiénico que los monstruos peludos que había antes, que no paraban de ladrar y molestar. Si no la complacemos, de todas formas ella lo ordenaría al fabricante, pues es quien administra todas nuestras cuentas. Pero queremos darle la sorpresa. Nancy, todo un personaje, la creen la señora de la casa. Creo que lo es, además es tan guapa.
Todo lo automatizamos, para hacerle las tareas más prácticas a Nancy. Ella configura toda la tecnología que en cuanto surgen en el mercado, compramos para estar al día. Renovarse o morir.
Hace un año que no he tenido que salir de la cama. Y no sé qué hacer, ni cómo se hace. Tampoco puedo pensar en algo, lo que sea, hace días, semanas, ¿meses? que tengo la mente en blanco, no sueño, ni dormida ni despierta, quisiera aunque sea tener alguna pesadilla. Aburrida. Hastiada. Deprimida. Y muy gorda. Obesa me dijeron los especialistas mundiales en la consulta en línea, de inteligencia artificial por supuesto, con Nancy. Los médicos humanos ya no existen. Últimamente ni mis hijos clones me soportan el carácter. Iré al trasplante de células, o al cambio de chip de salud permanente, para volver a quedar perfecta, no sé para qué, a mi marido ya solo lo veo en pantalla. Odio este vacío. Buscaré alguna nueva aplicación para sobrellevarlo. Todo estará perfecto. No pasado, no futuro, solo presente, como tanto insisten e insisten ¿Para qué estaré perfecta?