Continuo vaivén,
a favor, beso de viento.
En contra, azote de olas
en las playas del existir,
como la marea.
Coraje para hacer
lo que mande el corazón.
Fuerza para no hacer
lo que manden los demás,
como la marea.
Rebeldía, a prueba de fuego.
¡Ay, roble! a prueba de todo,
como la marea.
y llueva, llueva al fin,
la dicha fina de abril.
Traductor :
miércoles, 11 de abril de 2018
domingo, 8 de abril de 2018
¡Los garbanzos!
Receta: En una cacerola cualquiera, sofríes en aceite de oliva, chile verde picado, ajo y cebolla, al gusto. Agregas 100 grs. de garbanzos lavados y remojados, sal y agua solo a cubrirlos, a fuego alto. Al empezar a hervir, bajas el fuego al mínimo y te vas, porque tardarán bastante, si no los cocinas en olla de presión.
Pasado un tiempo, cuando notes que a "alguien cercano" se le ha quemado su comida, lo perdonas, porque "todos puede tener un descuido."
A las cuarenta, cuando un olor intenso a picante quemado llegué a ti, exclamas ¡Los garbanzos! Corres a su encuentro y se están chamuscando.
Agregas agua varias veces, porque seguirán duros. Se pinta color negro carbón. Rectificas la sal.
A otras cuarenta horas, siguen sin ablandarse del todo, pero ya ni modo. Los escurres, el caldo no podrás usarlo, es amargo. Los mueles lo más que se dejan, que no es mucho. Y optas por sobrecondimentar al estilo hummus, esa pasta rústica, para disimular el sobreahumamiento que con todo lo que agregues, seguirá siempre presente.
*También, puedes ahorrarte todos los pasos de mi receta y cocerlos en olla de presión o como sepas. Con toda seguridad de que a ti si te quedarán exquisitos.
Pasado un tiempo, cuando notes que a "alguien cercano" se le ha quemado su comida, lo perdonas, porque "todos puede tener un descuido."
A las cuarenta, cuando un olor intenso a picante quemado llegué a ti, exclamas ¡Los garbanzos! Corres a su encuentro y se están chamuscando.
Agregas agua varias veces, porque seguirán duros. Se pinta color negro carbón. Rectificas la sal.
A otras cuarenta horas, siguen sin ablandarse del todo, pero ya ni modo. Los escurres, el caldo no podrás usarlo, es amargo. Los mueles lo más que se dejan, que no es mucho. Y optas por sobrecondimentar al estilo hummus, esa pasta rústica, para disimular el sobreahumamiento que con todo lo que agregues, seguirá siempre presente.
*También, puedes ahorrarte todos los pasos de mi receta y cocerlos en olla de presión o como sepas. Con toda seguridad de que a ti si te quedarán exquisitos.
sábado, 31 de marzo de 2018
Educación, fábrica de mentiras
Nunca voy a entender, por qué decimos que no nos gusta que nos mientan.
Si desde niños nos enseñan a mentir. Pues se nos regaña, reprende, castiga, al ser sinceros.
Ejemplos:
A mí me fue muy mal, cuando le dije a un tío que parecía espantapájaros. Y lo parecía, ¡créanme!
O cuando a aquella amiga de mamá, bruja, con aquel horrendo atuendo. Si solo la escoba le faltaba para serlo.
¡Uf! ¡No saben, cuando pedí más pastel en aquel cumpleaños! Me obligaron a decir siempre que no quería más de lo que fuera en casas ajenas, así lo deseara en el alma.
La educación, las buenas maneras, son un cúmulo de falsedades, mentiras. Es la fábrica de hipocresía... que supuestamente reprobamos.
Nunca voy a entender por qué nos desagrada que nos mientan, si nos desagrada más la sinceridad.
Porque de inicio, nos mentimos sobre nosotros constantemente. Muy pocos aceptamos nuestros defectos. Muy pocos hacemos algo por corregirlos, aunque nos disguste e incomode tenerlos.
Nos exigiría mucha voluntad y compromiso, "¡uf! Qué flojera. Ya no estoy para eso."
Hay que responder a las preguntas, lo que deseen escuchar, para ser educados y considerados, o sea: mentirosos, hipócritas. Porque la persona que nos pregunta, desea reafirmarse y no precisamente saber la verdad... la sabe.
Incluso si preguntara. Una respuesta sincera adversa, nunca será bien recibida. La soberbia la llevamos por delante. ¿Tú quién te crees para decirme lo que sé de mí, aunque me moleste ser así?
Y regla de oro del buen convivir. Jamás se nos ocurra opinar sobre lo que no se nos ha preguntado, ni por "su bien." Eso siempre se tomará como mala intención, ofensa, envidia, mala leche, ignorancia, falta de comprensión o de solidaridad.
¿Recuerdas alguna verdad que dijiste por la que te reprendieron de niño?
Si desde niños nos enseñan a mentir. Pues se nos regaña, reprende, castiga, al ser sinceros.
Ejemplos:
A mí me fue muy mal, cuando le dije a un tío que parecía espantapájaros. Y lo parecía, ¡créanme!
O cuando a aquella amiga de mamá, bruja, con aquel horrendo atuendo. Si solo la escoba le faltaba para serlo.
¡Uf! ¡No saben, cuando pedí más pastel en aquel cumpleaños! Me obligaron a decir siempre que no quería más de lo que fuera en casas ajenas, así lo deseara en el alma.
La educación, las buenas maneras, son un cúmulo de falsedades, mentiras. Es la fábrica de hipocresía... que supuestamente reprobamos.
Nunca voy a entender por qué nos desagrada que nos mientan, si nos desagrada más la sinceridad.
Porque de inicio, nos mentimos sobre nosotros constantemente. Muy pocos aceptamos nuestros defectos. Muy pocos hacemos algo por corregirlos, aunque nos disguste e incomode tenerlos.
Nos exigiría mucha voluntad y compromiso, "¡uf! Qué flojera. Ya no estoy para eso."
Hay que responder a las preguntas, lo que deseen escuchar, para ser educados y considerados, o sea: mentirosos, hipócritas. Porque la persona que nos pregunta, desea reafirmarse y no precisamente saber la verdad... la sabe.
Incluso si preguntara. Una respuesta sincera adversa, nunca será bien recibida. La soberbia la llevamos por delante. ¿Tú quién te crees para decirme lo que sé de mí, aunque me moleste ser así?
Y regla de oro del buen convivir. Jamás se nos ocurra opinar sobre lo que no se nos ha preguntado, ni por "su bien." Eso siempre se tomará como mala intención, ofensa, envidia, mala leche, ignorancia, falta de comprensión o de solidaridad.
¿Recuerdas alguna verdad que dijiste por la que te reprendieron de niño?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


