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viernes, 17 de mayo de 2019

Insistió

Muy temprano cada día, de lunes a viernes, Elio, sale cargando una silla plegable, agua y alguna fruta.

Camina tres kilómetros hasta una frondosa sombra, al lado de una parada de transporte colectivo,  donde abre su silla para sentarse en ella y con cálida actitud, saluda o saca plática a quienes van o llegan.

Ya hasta tiene amistades, después de varios meses, en que solo le respondían con indiferencia, silencio, algún insulto o gesto de desprecio.

Insistió en hacerlos sentir importantes para alguien, en apartarlos del teléfono durante esos ratos, en escuchar y aligerarles preocupaciones o pesares.

Regresa satisfecho, con muchos temas nuevos para compartir con su esposa, que lo espera linda, llena de alegría y también con mucho qué contarle, tras ese periodo de espacio individual. La misma mujer que ya estaba muy gruñona y que lo juzgó de loco, cuando él le dijo lo que haría, el día que el médico y todos los pronósticos a su edad, le advirtieron que no volvería a caminar normalmente después de la operación.

Elio se rehabilitó por completo, en su poderoso afán por llegar a ayudar a ese colectivo lo más lejos de casa, en vez de confinarse a la inmovilidad y dependencia. Relegó su circunstancia a segundo plano, hasta olvidarla en definitiva. 

- Sabes, mujer... Voy a montar un taller de... de cualquier cosa o de muchas cosas en el portal. Y una área de juegos. Conozco infinidad de chicos que pasan todas las tardes solos, pegados a las computadoras y... No me mires así. No estoy loco y no me dirás que no, incluso tú podrías ayudarme en mil aspectos. Hay tantísimo que debemos enseñarles. Están sedientos de atención. Tú verás. Será muy divertido. No te aceptaré negativas.

- ¿Y si incluimos teatro o danza también? Respondió ella radiante.

sábado, 4 de mayo de 2019

Continuación y fin de vaguedad

La lluvia despertó a Marino casi al amanecer, era sábado.  Sigiloso, fue a preparar café y regresó con dos tazas. Daría lo que fuera por conservar siempre esa dicha de observar a Juana mientras dormía. Se sentó en el sillón junto a la ventana. La lluvia, el café, ella... nada más qué pedirle a la vida.

Ella despertó casi enseguida,  con un gesto muy tierno, al verlo contemplándola de igual manera.  Él se acercó, la besó con gran dulzura y le dio su café, que ella aceptó gustosa.

- ¿Qué crees, mujer? Tuve una pesadilla terrible... discutíamos no sé porqué y me perseguías furiosa empuñando un paraguas, querías matarme. Me echabas de la casa muy violentamente. Pero no conforme seguías detrás de mí, por muchas calles, en una gran ciudad que no conozco. Calles y más calles, eran interminables, ganas sentía de volar...

- Y yo soñé que teníamos 5 hijos... y me dedicaba solo a criarlos, no trabajaba, ¡imagínate!. Estaba algo abrumada, quizá frustrada.

- ¿Cuántos? ¡Qué locura!

Rieron a carcajadas.

- Falta mucho para eso, y solo un hijo, dos máaaximo... Pero, falta mucho.

- Mucho tiempo que falta, reafirmó Juana.

- Vamos a pasear, bajo esa lluvia. Dale, Juana, vamos.

- ¿De verdad? Sí, sí, claro que vamos. Y si quieres hasta cantamos I'm singing in the rain, cantaba ella, mientras se vestía.

- Pero sin paraguas... regresamos hasta que nos empape.

La cabaña vibró entera con la sonoridad de sus risas. Y así fue el comienzo de ese primer fin de semana juntos en la montaña, donde decidieron vivir hasta... hasta que se pueda. Con las intenciones de que siempre, aunque nunca se sabe a ciencia cierta, que el amor es más arte que otra cosa y la vida juntooos... una especie de juego donde cambian las reglas a cada paso.  

                        FIN


*Ay sí, no podía quedarse en drama el culebrón. 

jueves, 2 de mayo de 2019

Continuación de vaguedad

Y... resulta que la relación de Juana y Marino, se había enfriado bastante. Los 5 hijos pequeños y el sinfín de actividades de su crianza, salirse de trabajar para atenderlos, hizo que Juana dejará de ser la misma de la que él se enamoró. Aunado a más compromiso por parte de Marino en la empresa, para proveer lo que antes entre los dos... En fin, eso suele ser así.

Bueno:
Esa tarde Juana sintió una punzada en el corazón, esa sensación de inseguridad y desasosiego, al terminar de colocar las cortinas que acababa de coser, cuando la tarde, la llamó a contemplar la puesta de sol, espléndida, después de la llovizna, incluso había arcoiris.

Desde la altura de su departamento, pudo ver a una pareja radiante, encantadora que iba muy divertida.  Una pareja perfecta, abrazados y compartiendo paraguas. (Ni sé porqué, pues la lluvia era de ideas y no de agua, pero ya el lector cogió por ese rumbo y por ahí me voy yo también,  dócil me ajusto a su imaginación).  Suspiró Juana al verlos,  proyectándose a un pasado reciente, con su Marino.

Pero al observarlos, oh, oh, el encanto se disolvió... ¡Era él! Justo allí, por su calle. Su Marino con otra mujer. Y además bellísima. Juana se desplomó... o zapateó con rabia... o arrancó las cortinas y lanzó el jarrón contra la pared... o lloró. No sé qué hizo. Pero...

Ya se imaginarán el tango* cuando el susodicho llegó, "muy cansado de tanto trabajo", pero con brillo en los ojos, sonrisa boba, evasivo, sin hambre, blabla...  muy lejos de la facha y actitud de quien viene exhausto del trabajo. (Él nunca imaginó que la linda señorita vivía a la vuelta de su casa y menos que Juana, siempre saturada con sus labores, fuera a descubrirlo en su mágica aventura).

* Nota: No tenía continuación, pero el comentario de María Cristina dio pie, por eso asterisco en la palabra tango, pues ella es de Argentina. Y ya, que cada quien le dé el final de su elección, porque conociéndome, ¡yo los divorcio, que ya me siento indignada con el hdp Marino!!
: )