No estoy en twitter, porque no tengo odio hacia quienes no me conocen, ni desearían conocerme. Ni tengo ideas que puedan ser trending topics, y tampoco cuento con una coraza tal, para recibir mensajes de odio, sin que me afectara. Ese intercambio de violencia al que se ha llegado, me parece un desgaste innecesario y muy enfermizo.
No estoy en face o instagram, ni en ninguna de las plataformas similares, porque no soy, ni tengo nada sobresaliente de qué presumir. Y si lo tuviera, no creo que me interesara exhibirlo, ni que me diera el tiempo para eso.
El exceso de tecnología en la comunicación, ha lanzado al ser humano a un abismo sin fondo. Espero que reaccione y tome conciencia, para parar y buscar formas de convivencia más significativas y estimulantes, dentro de su realidad inmediata. Revertir. Y solo darle el uso constructivo a esas magníficas herramientas. Como ha sido en casos importantes de organización. Un ejemplo claro, el último terremoto en la ciudad de México, en que las redes fueron de suma utilidad, para respuestas inmediatas según las necesidades. Y otros sucesos de enorme trascendencia social.
En cambio los blogueros, somos la parte más analógica y romántica de todo este entramado. Y aunque no deja de ser red, es una red a la que no se acercan quienes no sienten cierta afinidad. Los trolls, se aburren pronto y se retiran.
Los blogueros, incluso somos motivo de burla de tuiteros, o youtuberos. Nos consideran obsoletos y tal vez tienen razón. Tenemos otro formato. Otra escala de valores.