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sábado, 11 de enero de 2020
Luto
Ayer nos cubrió en mi país, México, una pena inmensa, que yo no sé cómo procesar. No lo soporto. Me duele muy profundo. Creo que me dejará por siempre una marca.
Un pequeño de 11 años, en el Estado de Coahuila, dentro de su escuela disparó contra su maestra, un maestro y algunos compañeros. La maestra murió. Los demás, parece ser que podrán sobrevivir. El niño se suicidó. Hacía unos 3 años, había sucedido un caso similar en otra escuela de Monterrey.
Hay todo tipo de posturas, todas acusatorias, contra el colegio, contra los padres, contra... Todos los hubieras del mundo. Estupideces de gente que no sabe lo que están pasando los niños hoy, simplemente porque cierran los ojos, cuando los problemas están frente a todos nosotros.
Basta de no mirar. Basta de no enterarnos. Los niños, deben ser protegidos por todos los que somos adultos, aunque sean de otros padres.
Por estos problemas, insisto tanto en el tema "hijos" en mi blog, que no va de eso.
"Hoy es el día", tal parece que dijo el niño, antes de su crimen.
"Hoy es el día", yo les digo a todos quienes lean aquí.
Estos casos no deben suceder más. En el súper, en la calle, en el cine, en el parque, en el transporte, en nuestro barrio, en cualquier parte. Hasta dentro de nuestra casa, a veces escuchamos el llanto de algún niño, los gritos o golpes de alguna madre o padre. Siempre hay alguno o algunos niños, en situación de riesgo, de maltrato o vulnerabilidad.
Nada nos cuesta apoyarlos. Denunciar por lo menos. Y mucho vamos a lograr, si entre todos los que nos tocó vivir en un mundo más amable, antes de toda esta locura, actuamos aunque sea un poquito en lo que esté en nuestras manos, para revertir los efectos de un feminismo muy mal entendido, de un desarrollo desbalanceado, de una desintegración familiar atroz. De la sexualidad desbocada e irresponsable, el uso desmesurado de Internet, guerras y mil factores violentos, a los que están expuestos y que hemos consentido, con nuestra indiferencia y falta de conciencia, manteniéndolos inmersos y atados a un infierno insostenible.
¡Actuemos. Hoy es el día!
Lo siento, amigos... hoy no puedo aportar alegría.
miércoles, 8 de enero de 2020
La alcancía infantil
La infancia, es una especie de alcancía, en la que se ahorra gran parte de las emociones positivas, de las que echaremos mano en la adultez, para afrontar los problemas. Allí se fija la autoestima y la inteligencia emocional de la manera más natural.
Por eso es tan importante prodigar y demostrar todo el amor a los hijos, de pequeños. Ellos recordarán los besos, los cuentos, los juegos, los abrazos... Nunca el coche del año, ni la residencia.
Tristemente, hoy existen parejas más enfocadas a buscar lo material, que en demostrarles su amor. Y también los niños que no reciben estímulos positivos.
Y a propósito de esto y de mi entrada anterior, les comparto estos versos que me encantan, del poeta Yehuda Amihal:
"Mi madre me cocinó el mundo entero de dulces pasteles.
Mi amada rellenó mi ventana con pasas de estrellas.
Y la nostalgia está encerrada en mí, cual burbujas de aire a un pan."
Por eso es tan importante prodigar y demostrar todo el amor a los hijos, de pequeños. Ellos recordarán los besos, los cuentos, los juegos, los abrazos... Nunca el coche del año, ni la residencia.
Tristemente, hoy existen parejas más enfocadas a buscar lo material, que en demostrarles su amor. Y también los niños que no reciben estímulos positivos.
Y a propósito de esto y de mi entrada anterior, les comparto estos versos que me encantan, del poeta Yehuda Amihal:
"Mi madre me cocinó el mundo entero de dulces pasteles.
Mi amada rellenó mi ventana con pasas de estrellas.
Y la nostalgia está encerrada en mí, cual burbujas de aire a un pan."
lunes, 6 de enero de 2020
Orgía de sabores
El chocolate, me trae los inviernos, nunca con frío, gracias a mi madre. Saboreado muy despacio, hasta potenciar todas las vías de la felicidad de su amor.
Las infusiones, me recuerdan a Malicha, que siempre nos las tenía, para todos los casos de alegria, enfermedad, frío, calor o tristeza.
El mazapán y los polvorones, me hacen regresar con una hermana, a la escuela primaria. Qué dichosa era de niña, con ella.
Los helados, me saben a un hermano. Sentada a su lado en cualquier banca, escalón o al borde de una acera, viendo coches y gente pasar, siempre riendo. Nada malo me podía suceder, si mi héroe estaba conmigo.
El café, me trae a mi padre, en los mejores domingos por la mañana, de toda nuestra vida. Ya grande yo, cuando nos hicimos amigazos.
Estoy bebiendo una taza de agua caliente, para entrar en calor. Y mientras la servía, la mente me llevó a un recodo, donde había una orgía de sabores y recuerdos. Decidí beber el agua sola, para no perder la nitidez de la inmensa dicha que contiene cada uno.
Las infusiones, me recuerdan a Malicha, que siempre nos las tenía, para todos los casos de alegria, enfermedad, frío, calor o tristeza.
El mazapán y los polvorones, me hacen regresar con una hermana, a la escuela primaria. Qué dichosa era de niña, con ella.
Los helados, me saben a un hermano. Sentada a su lado en cualquier banca, escalón o al borde de una acera, viendo coches y gente pasar, siempre riendo. Nada malo me podía suceder, si mi héroe estaba conmigo.
El café, me trae a mi padre, en los mejores domingos por la mañana, de toda nuestra vida. Ya grande yo, cuando nos hicimos amigazos.
Estoy bebiendo una taza de agua caliente, para entrar en calor. Y mientras la servía, la mente me llevó a un recodo, donde había una orgía de sabores y recuerdos. Decidí beber el agua sola, para no perder la nitidez de la inmensa dicha que contiene cada uno.
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