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lunes, 6 de septiembre de 2021

Nieto y abuelo en la zanja

Nieto: ¿Qué más hacían en tus tiempos abuelo,  además de jugar a esos juegos tan...  tan... de correr y brincar y eso?

Abuelo: Teníamos deberes en la casa, ayudábamos. 

Nieto: ¡Pobres! ¿No tenían robot?

Abuelo:  No teníamos. Leíamos. Siempre leíamos. A veces en voz alta, para analizar y comentar con quienes nos reuníamos, amigos, hermanos. 

Nieto: Yo tengo una aplicación que hace todo eso y solo reenvío el resumen a la profa, sin tener que leerlo, ni juntarme con nadie. 

Abuelo: Nosotros leíamos por gusto, por aprender, por imaginar, por soñar. No solo por la escuela.  

Nieto: ¡Qué pesado sería, abuelo!

Abuelo: Escuchábamos música, nos aprendíamos las canciones que nos gustaban. Traducíamos las que estaban en otros idiomas. Bailábamos. 

Nieto: Yo tengo traductor simultáneo. 

Abuelo: Leíamos para ampliar nuesta cultura, para mejorar nuestra redacción, ortografía... Para...

Nieto: Pobres... No tenían autoredactor y corrector automático. Aquí dictas un tema y en segundos te hace un poema como lo pidas. Libros, los que quieras y los puedes vender en mil plataformas. 

Abuelo: También charlábamos, bromeábamos, reíamos, convivíamos siempre. 

Nieto: ¿Quéee? ¡Qué desperdicio de vida, qué riesgoso y qué asco, abuelo! ¡Todos juntos! ¡¿sin mascarillas, ni vacunas, sin desinfectarse?! Debió ser terrible... Y... Parece que... no tenían nada más qué hacer en tu antigüedad. ¿Tan rudimentarios?

Con eso cierra la conversación, el chico, sin mover jamás su atención del teléfono inteligente, en el que persigue y aniquila dragones y extragalácticos, por premios en criptomonedas, que gasta en bonos para viajes o artículos accesorios cibernéticos. 

El abuelo escapa al jardín, para esconder unas lágrimas detrás de unos lirios. Luego, va y desconecta el wifi desde el exterior... 

2 minutos después...

Nieto: ¡A-b-u-e-l-ooooo! Me prestas tu celular, que el mío se gastó los datos. Se cayó el Wifi. Repórtalo urgente.   

Abuelo: (Fingiendo consternación) No, cariño... Mi celular se descompuso y lo deseché.  Y no tendremos Internet,  porque no lo pagué y suspendieron. 

Nieto: Nooo, no puede ser. Es una desgracia. Estamos en el año cero. Háblale a mi mamá que venga de inmediato por mí. O a papá que venga ¡ya! Enrojecido de ira y con los puños cerrados, el cuerpo rígido y todo lo que le pasa a quien está por colapsar. 

Abuelo: Imposible, amor... Sabes bien que regresarán por ti en 15 días y... no tendremos Internet. Lo siento. 

Nieto: Y ¿cómo vamos a sobrevivir hasta entonces? (llorando a gritos).

Abuelo: podrías ayudarme en el jardín o a dar mantenimiento a la casa. Hay mucho qué hacer.

Nieto: ¡Qué infierno eres! Malo... Malo...  Eres un maldito. Te odiooooo.

El abuelo lo contiene con fuerza, cuando se le acerco el chico a golpearlo. Quedaron tirados en el pasto abrazados, hasta que salieron las estrellas, que fue cuando el chico recuperó la consciencia.  

Abuelo: ¿Quieres que observemos estrellas?

Nieto: ¿Para qué, abuelo... Para qué serviría esa tontería?...


*Ejemplo de "Quien te quiera te hará llorar" de la entrada anterior. 

viernes, 3 de septiembre de 2021

Un dicho

"Quien te quiera, te hará llorar."

No comprendía el fondo de esta frase cuando era más joven.

Ahora, ya no me queda duda. La confirmo y la sostengo. 

Porque son las personas que nos quieren, las que se atreven a decirnos la verdad, por más dolorosa que esta sea. 

Pues el amor, no es complicidad. Sino desear y propiciar el bien de la persona querida y con mucha frecuencia requerimos de un buen jalón de orejas, cuando erramos.

Quien nos ama, no desea vernos en el abismo. Nos advierte de los peligros o nos tiende la cuerda para que salgamos a flote, cuando ya hemos caído. 

Pero con frecuencia, por soberbia, nos negamos a ver el amor detrás de las palabras más claras y precisas sobre nuestras fallas. Y en vez de agradecerlo, nos hacemos los ofendidos. Porque aceptarlo implica compromiso y voluntad,  para corregir.

Sin humildad, no crecemos. 


jueves, 2 de septiembre de 2021

Amar la vida



Pienso que para amar la vida, puede ser en cualquier sitio. 

Incluso, puede ser que notemos lo mucho que la amamos, en donde no queramos ni siquiera estar. Donde estemos en riesgo, disgusto o sufrimiento y necesitemos salir de allí. Como de un hospital o de la cárcel. 

Tal vez esa frase debería decir:

"Uno vuelve siempre
a los viejos sitios
donde fue feliz"

Aunque, con los lugares donde fuimos felices, hay que cerciorarnos de ir siendo felices también,  porque si no, es probable que nos provoquemos una añoranza fenomenal, nada agradable. 

¿Será mejor ir a otra parte? Sí,  creo que es mejor ir a otro sitio. Tal vez un sitio donde hayamos sido desdichados, para reconciliarnos... Pues el sitio no es culpable de lo que uno haya vivido allí y a veces nos quedamos resentidos con ese lugar. 

Otro tiempo, otra actitud y todos en paz. Sería bueno poder hacerlo. 

* Solo estoy pensando un poco sobre la frase...