Traductor :

viernes, 19 de noviembre de 2021

Equis soliloquio

El ahora y aquí, la verdad, hoy,  a mí no me sirve para nada importante. Siempre me he opuesto a esa filosofía de vida y hoy lo refrendo.  

Aunque también estoy consciente de que hay quienes tuvieron un terrible pasado y el presente les resulte más noble. 

Mi pasado fue tan feliz, que me ha sostenido en los diversos presentes más inseguros y difíciles que me haya tocado superar y siempre como base para soñar en un precioso futuro. 

Solo que ahora, este presente, este hoy,  ya es en mi caso el futuro precioso en que hube soñado. Porque ya no tengo décadas para desperdiciar y lo que hay es muy decepcionante. Sobre todo porque es un desastre que no depende de mí arreglar y que no es resultado de lo que yo haya hecho mal. O sea, está fuera de mi control. Un caos, una decadencia, una destrucción, en la que no participé para que se diera. Al contrario, siempre construí, apoyé, contribuí, respeté para lograr un mundo mejor. No esto. 

¿Entonces? ¿Qué me queda hacer?

Desde este presente, soñar que haya un mañana como el pasado feliz. 

sábado, 13 de noviembre de 2021

El cambio

He cambiado mucho
en mi letargo.
Primero, miedo 
Luego, supervivencia,
resistencia, resignación.
Después, tristeza,
más tristeza, todos los días,
tristeza, después de aquel 
16 de marzo
muy lejano, 
pero continuo
que no termina. 

He cambiado mucho,
me hice más callada, lenta, confusa. 
He llegado a desconocer mi voz
en ciertos momentos.
Qué extraño hablo, he pensado. 
El nudo en la garganta
me cambió el timbre. 

Experimenté angustia
"Como respiramos, estamos"
Lo supe cuando me noté 
respirando con un ritmo
entrecortado. Entonces
respiro hasta regularizar
esa entrada y salida de aire...
hasta calmarme, hiperventilarme
o casi desmayarme. 

He sentido soledad,
impotencia, enojo, frustración, ira. 
Ha sido mucho sentir y menos pensar. 

Ha sido aceptar la insignificancia
Ver más profunda y marcada
la distancia entre nosotros 
y ellos. ¡Qué injusto, no?

He cambiado mucho...
demasiado. Hay que volver
a hacer un camino,
hacia quién sabe dónde. 
¿Quién sabe? Yo no lo sé.
Me desespera no saber
y seguir en el mismo
punto. Mientras el mundo
no deja de girar y cada día
más rápido. 
Ya está la Navidad aquí
y la primavera pasó de largo
y ahora se quiere regresar. 
Indefinida e indecisa
como yo. 

He cambiado mucho
en el modo estático
Me interesan asuntos inexistentes
Lo que existía, desapareció
igual que los que me dejaron,
sin despedirse, sin hacernos citas
más allá, sin encargos,  sin promesas. Sin "te quise mucho"
"nos volveremos a ver"
Sin nada... Así me quedé,  
flotando, como un globo
de feria, atado al dedo 
de un niño distraído 
que en cualquier
momento me va a soltar. 
Momento que será 
para estallar
o para subir... ¿a dónde? 
¿para qué?
¡Ya para qué! La duda 
recurrente-infinita-mantra. 

jueves, 11 de noviembre de 2021

Hablando y bordando

-- Má... ¿Vas a querer que te ayude hoy?

-- Sí, m'hijita, en cuanto termines tu tarea, te lavas muy bien las manitas y vas al taller. 

Así pasamos esa primavera, mamá,  mi tía y yo. Bordando aquel vestido de novia con una cauda de 19 metros, con chaquiras, lentejuelas, canutillos transparentes, blancos y nacarados como estrellas, destellos de lluvia y luna. 

Aborrecí ese vestido, a esa novia, los vestidos de novia y esa temporada, en que no anduve la tarde entera en la calle con la pandilla, por estar entre tules, guipiures, encajes, shifones, flores, hilos, alfileres y agujas,  mirando a los amigos entre puntada y puntada, desde la ventana, donde me sentaba para aprovechar la luz natural.  Aunque solo era un par de horas, porque luego salía a jugar también. Me hice muy rápida bordadora para poder salir. 

Y bien que me gustaba ayudar. A bordar aprendí, casi creo que antes que leer y escribir. Éramos 5 hermanos y mi madre apoyaba a mi padre, confeccionando vestidos de novia, para poder estar pendiente de la casa y de los hijos. 

Fue un tiempo hermoso, porque platicábamos mucho mientras cosíamos. Fui de todos los hermanos, la que más conoció a mamá, por esas tardes íntimas. Para esa tía, no había tragedia tan fuerte, que no pudiera descoser, hilvanar y volver a coser, como cualquier prenda que hay que ajustar a una novia vanidosa ¿Para qué tanto trapo? ¿Acaso era garantía de felicidad marital?