A veces pienso, que haría lo que fuera por que la vida pudiera ser como cuando era niña, en que tenía pesadillas muy a menudo y hasta en el sueño deseaba despertar pronto y regresar al mundo color de rosa tan maravilloso que veía. Tenía pesadillas recurrentes y recuerdo un sistema que se me desarrolló dentro de los sueños, en que empezaba a brincar, huyendo de monstruos, brujas, etc. hasta que empezaba a subir más y más, en cada brinco, hasta que por un agujero en el cielo, escapaba y llegaba a la realidad. Despertaba y era una gran alegría poder dejar a los que me perseguían en la oscuridad. Claro, me volvían a encontrar en nuevos sueños.
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Hoy, me sucede al revés, me dan ansias, casi todos los días, por que llegue la hora de salir de las pesadillas del mundo, y recogerme en la serenidad de mi mundo onírico, en que sueño lo que me da la gana, despierta, meditando o durmiendo. Tengo sueños muy buenos y vívidos. Los recuerdo muy bien al despertar. Cuando sueño a mi padre, es como si hubiéramos estado realmente juntos. Me aconseja cuando tengo que tomar decisiones sobre asuntos difíciles y al despertar ya tengo la solución tan sencilla que él me planteó en el sueño. Tenía ese don de simplificación de cualquier cosa. En mucho, soy como él en ese aspecto.





