A veces quiero ser un árbol,
a veces lo consigo.
Y soy un árbol muy frondoso, antiguo, generoso y callado,
que miro a los que pasan
con sus caras de prisa,
de angustia, de preocupación.
Sólo uno que otro
-son los poquitos-
calmados, sonrientes, ilusionados,
así como llenos de amor,
su aspecto.
A ellos los veo...
los veo...
¿Cómo podría explicarlo?
¡Muy bonito, los veo
a esos!
Luego, cualquier claxon
me saca de esa existencia
soñada, para que con todo y pájaros y si acaso flores,
nos regresemos
a seguir siendo nada.
*Foto de IMD, mi pequeña.

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