Algo más que ya pasó a la historia: El almanaque.
Duraron siglos y más siglos, hasta que llegaron los internáuticos que se robaron al mundo, a acabar con todo lo físicamente tangible y que yo sigo lamentando.
Recuerdo ciertos almanaques de las casas. En todas partes había.
Algunos con imágenes tan bonitas que al siguiente año, pegaban las hojas del nuevo calendario y seguía la misma imagen dando la función. Se les veía en cualquier habitación. Muy a menudo en la cocina, pero llegaban a estar incluso en la sala, donde todo mundo los viera, ja, ja. Porque además ofrecían bastante información importante, que ya tampoco importa a nadie.
En casa estaba enseguida del refri. Recuerdo una foto en que la modelo con zapatos de tacón, reposaba uno de ellos en un travesaño del barandal de un jardín, en donde ella estaba recargada.
Me creaba bastante angustia, pensaba que tenía atrapado el pie y no podía irse de allí. No recuerdo bien su cara, pero sí que estaba muy seria. Eso me hizo intuir su problema, Lo que nunca olvide fue su pie atorado y mi impotencia de no poder ayudarla. Muchos años después le conté a mamá y ah, cómo nos reímos.
Eran muy comunes los almanaques con dibujos de familias, de niños con mascotas. Se consideraba a los niños regordetes como niños sanos. Tipo querubines, aunque los niños de mi infancia éramos flacos, nos ejercitábamos todo el tiempo.
Me gusta hoy de los almanaques viejos, la publicidad. Muchas cosas y servicios que también ya desaparecieron, al igual que las costumbres de las imágenes. Quedan como joyas vestigios.
*Las fotos también de la mija (muy malas por cierto, no debió reflejar, pero bueno, a lo robado no se le puede poner peros).
Es en el Museo del Calendario, en Querétaro, México... O por allí cerca. No sé muy bien.