Siempre que necesito reacomodar mi interior, voy al encuentro de la niña que fui (de preferencia en alguna parte alta de la ciudad) y, ella se encarga de regresarme la fuerza y las ilusiones. Tiene confianza en que no puedo defraudarla.
Bajo de allí renovada a enfrentar lo que se presente... por ella, por ella. Y luego vuelvo a ser.
A veces le ayuda su amigo imaginario. No conocen imposibles.
Con el uso desmesurado de los filtros para hermosear imágenes, identificar a alguien en persona, a partir de fotos, es como "encontrar una aguja en un pajar".
Y para quienes somos deficientes en el reconocimiento de rostros, es más que un reto.
Si alguna vez les sucede, no piensen que tienes prosopagnosia.