Hoy tengo un cofre especial y único, en el que caben todas las sorpresas y tesoros.
Lo acabo de crear. Bueno, en realidad ya lo tenía, siempre lo he tenido, hoy lo abro con el único propósito de recibir.
Yo soy ese cofre, mi persona, con todos los sentidos y partículas dispuestas, para llenarme con lo mejor de ti.
Te advierto que únicamente aceptaré lo mejor que seas capaz de darme. Si no es así, no lo aceptaré.
Lo que me des, lo guardaré en ese baúl con gran delicadeza, para siempre conservarlo y saber que vale bastante vivir, conocer personas humanas e interrelacionarnos. Que por conocerte a ti, ha valido la pena todo el camino recorrido, por tortuoso que pareciera.
Para que al abrir mi baúl, esté allí intacta siempre la certeza de que los humanos somos lo máximo y que no duelen los sacrificios, desafíos y retos vividos, con tal de llegar a saberlo y comprobarlo.
Para tener la seguridad de que nacimos para amar, construir, crear, unir, crecer, trascender… Confiar en que podemos rectificar y lograrlo.
Sin egoísmo, orgullo, hipocresía, ni ninguna otra intención oculta. Recuerda... ¡Dame solo lo mejor!
No te aceptaré nada negativo. Si es lo que tienes para darme, tendrás que soportarlo sin involucrarme, hasta que lo resuelvas, hasta que logres disolverlo, igual como lo generaste o conservaste al recibirlo de otros. Es tu tarea.