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miércoles, 12 de enero de 2011

Ilusión Creativa


La escritora absorta tecleaba. Anocheció, amaneció, anocheció... Muchas jornadas. Sus dedos hacían magia, sin titubeos, como si tocara de memoria el piano. Pegada a su silla, sin percibir su entorno, concentrada solo en esa pieza de arte, notas altas, notas bajas. Se dibujaban las palabras en la pantalla, enlazando a otras nuevas, más atractivas, como si le estuviesen dictando. Vibraba conmovida por el sentido de la composición que surgía fluida.

No había logrado antes una concentración tan profunda, como esa ocasión. Le apareció una alerta de mensaje a su correo electrónico, que siempre mantenía abierto, para enterarse de los últimos acontecimientos de  su ciudad revuelta. Ignoró el mensaje. Se mantuvo en su empeño. A los pocos minutos, otra alerta. Cerró su correo.

Faltaba ya muy poco para concluir su escrito. Se levantó, fue a la cocina por café, encendió un cigarrillo, miró hacia el jardín, no supo si anochecía o amanecía, no se preocupó por investigarlo, regresó para leer el último párrafo. Se estaba escribiendo en el monitor una carta, a mano, en una caligrafía impecable, con pluma fuente, era la presentación de una señorita que deseaba pedirle un favor, por lo que le pedía que abriera su correo, para que leyera los mensajes donde le daba instrucciones.

La escritora pensó que sería otra de esas cartas de estafas a través de imposibles transferencias de países inexistentes, venta de viagra o pócimas  milagrosas.  Quiso borrar el escrito, pero no pudo, insistió, nada.  Ha de ser un nuevo tipo de virus, pensó.

"Por favor, es muy necesario que entre a leer mis mensajes", se escribió de nuevo en su pantalla, "F".  Y desapareció toda la carta de inmediato.

Se dispuso a continuar escribiendo, el teclado no respondía. Se deslizó el mouse hasta su mano. -Bueno, bueno, cómo tú lo decidas Florencia... ¡Florencia!... A ver.

Estaban 2 mensajes, en vez de nombre, aparecían flores rojas. De nuevo pensó que podía ser algún virus. Regresó a su escrito, lo resguardó. Abrió el primer mensaje, con algo de miedo.

"Gracias por su gran amabilidad señora, primero le diré que no me llamo Florencia, comprenderá que en virtud de que seré muy famosa a partir de este año, he usado ese nombre para resguardarme del público, en realidad me llamo Lucrecia". Describía sus características personales, profesión, gustos.

 -¡Cuánta humildad!, exclamó la escritora. -Seré muy famosa (remedó). Pero en automático se fue al segundo mensaje.

Más afectuosa que en el primer mensaje, la aborda haciendo alusión a la obra que la escritora estaba escribiendo.

-¿Cómo? ¡Cómo! Lucrecia Florencia, Florencia Lucrecia. ¿Cómo sabe lo que he estado haciendo?, pensó.

- La he estado observando en estos días, ha pasado un mes, yo le he estado dictando lo que ha estado escribiendo.

-Revisa la habitación la escritora.

-No tema, no podrá verme, ni trate de hacerlo. Pero si lo desea puedo enviarle una foto... ¡Ya está! Esa soy yo, tranquila... He estado buscando por todo el mundo, pero nadie me ha podido ayudar, yo creo que usted puede hacerlo. Seguían escribiéndose las palabras de Lucrecia. 

-Bueno... ¿Cuál es el favor que desea pedirme? ¿Qué es eso que no han podido hacer los demás por usted?

- No es fácil, pero estoy segura de que usted podrá comprenderlo... por su actividad. En realidad no es nada tan extraordinario, es un simple favor.

La escritora solo asiente con la cabeza, ya sin ninguna posibilidad de negarse.

- Lo único que deseo es que se ponga en contacto con mi escritor.

- ¿Qué, que?

- Mmm... Sip, yo soy la protagonista de una novela que está en proceso.

La escritora sorbe su café ya helado, sin concebir lo que está leyendo.

-No se asuste, se lo suplico. Estamos en la era de la tecnología y hay que utilizarla...  Todos los personajes la utilizamos ¿No lo sabía? No quiero que por ningún motivo me pongan Lucrecia.  ¿Como me dirían, no tiene compostura: Lucry, Lucrecita, Lucrita, Lucrosa? No me gustaría pasar a la posteridad con ese horrible nombre. ¿A usted le gustaría llamarse así?, ¿verdad que no? Sin embargo, usted se muere y ya, "descanse en paz... fulanita de tal". ¿Quién lo sabe, quién lo supo? ¡Nadie! Pero un personaje de un escritor probable Premio Nobel, siempre seguirá llamándose como le bauticen, por todas las generaciones futuras ¿Usted cree que deba llamarme Lucrecia? ¡Sea sincera!

Escríbale, mañana le mando su dirección de correo... dígale de mi parte que deseo llamarme Laura.

-¿Por qué no su nombre, Florencia es un bonito nombre? -¡No! ni se le ocurra, así se llamaba mi abuela y ella era muy rígida, lo único amable de ella era el nombre ¡Me quiero llamar Laura!

La escritora se fue a dormir. -¿Quién carajos será ese escritor tan intransigente?, ¿cómo que ponerle Lucrecia a alguien así de linda? ¡Mañana me va a escuchar!

1 comentario:

  1. Increíble, querría ser yo el protagonista de esta historia.
    Hay gente a la que nunca voy a entender... por suerte.
    Besos.
    HD

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