Traductor :

domingo, 10 de abril de 2011

¿Quiénes son los débiles?


Si lo practicáramos no estaríamos en crisis. No le restes valor e esta entrada, solo contéstate: 

¿Reconoces y promueves los derechos a la dignidad de los demás sin distinción de edad, sexo, ni clases?
¿Comprendes y aceptas a todos?
¿Te respetas y no aceptas lo que te dañe física, mental y espiritualmente?
¿Aceptas y cumples las leyes y normas que establece nuestra sociedad?
¿Agradeces a otras personas lo que hacen por ti?
¿Piensas positivamente?
¿Defiendes la vida humana, animal y vegetal?
¿Valoras y respetas las expresiones propias y ajenas?
¿Haces el uso correcto de los lugares colectivos?
¿Vives los buenos modales?
¿Reconoces los méritos de los demás, sin apropiarte del éxito ajeno?
¿Valoras a cada persona, su reputación y sus pertenencias?
¿Evitas juzgar a los demás, cuando sus actos son reprobables para tí?
¿Toleras las diferencias?
¿Separas, que la conducta inapropiada se debe corregir y a las personas comprenderlas?
¿Defiendes valientemente tus conceptos, considerando los ajenos?
¿Decides, sin ofender a los demás?
¿Reconoces lo que no es tuyo?

¿Cómo te fue? ¿Tuviste sólo aciertos? ¡Felicidades!

¿No todos? Anótalos y tenlos muy cerca de ti, trabaja todos los días por eliminarlos. Recuerda que quienes te amen, seguirán amándote igual, pero tú te sentirás más satisfecho y capaz de corresponder ese amor.

La forma de respeto más simple es seguir las reglas, pero el verdadero progreso no está en la inteligencia, sino en el corazón. El amor… propio y hacia los demás, es la única guía para honrarlos en forma permanente. Comprender que hasta el ser más diminuto merece protección y cuidado.

Las dificultades hacen que muchas personas pasen por encima de las reglas y de las demás personas, para conseguir sus fines. Haciendo del mundo un lugar de violencia y sufrimiento. 

"Los fuertes no son los rudos y agresivos"… Por ejemplo, aquí ya cometí un error. Debería decir: "Los fuertes son los respetuosos y condescendientes", en vez de “no son”.

¡Cuánto tenemos que aprender de la palabra RESPETO! Pedimos y exigimos, pero poco sabemos de dar, aceptar, reconocer y cambiar. ¡Puede ser hoy ese día!

 Fuente: Diccionario de la Real Academia Española

viernes, 8 de abril de 2011

Qué es la vanidad


Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha,
itinerarios, música, juguetes.
Es cierto que es así:
todo lo mío te lo doy, es cierto,
pero todo lo mío no te basta
como a mí no me basta que me des
todo lo tuyo.

Por eso no seremos nunca

la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar
que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.

Por ahí un papelito

que solamente dice:

Siempre fuiste mi espejo,

quiero decir que para verme tenía que mirarte.
Julio Cortázar

Narciso, en la mitología griega personifica la vanidad, todos y todas se enamoraban del apuesto joven,  con ese nombre, quien al despreciar entre muchos y muchas, a la Ninfa Eco que lo esperaba en el bosque, fue castigado por la diosa de la venganza Némesis, provocando en él, que se enamorara de su propia imagen,  así que quedó viéndose absorto en una fuente, hasta que se arrojó al agua, y surgió la hermosa flor con su nombre.

- ¡No me consta!, pero se dice que así estuvo más o menos la cosa... si fue solo intriga o chisme,  por el despecho de Eco, ha durado muchos años la versión, sin réplica. Como que no se vale que los hombres apuestos, anden por la vida despreciando amores, no vaya a ser que algún día aparezcan en cualquier pozo.  Anónima

- O lo que es peor, que acaben como los más lindos de la prepa, feos, barrigones, pelones y medio decrépitos... Otra Anónima

¿Cómo se llamó el diálogo? 

La venganza de la fea, plenamente identificada con Némesis...

Moraleja: La próxima vez que algún apuesto hombre, no sucumba a tus encantos, como último recurso puedes decirle en un tono muy muy tranquilo y hasta seductor, pero con mirada amenazadora, si puedes, ensáyatelo:  "Estás a punto de vértelas con Némesis",  te das la media vuelta con tremenda dignidad y te retiras muy airosa. 

Al menos podrías hacerle un favor al chamaco y que estudie un poco de mitología, para que cuando esté viejo, solo y feo, tenga algo más de que platicar y no solo de lo hermoso que fue alguna vez, con la cantinera que ya es la única que lo soporta (por las propinas, claro... Te leí el pensamiento).

Pero si de verdad te interesa, cuando hagas el desplante, cruza los dedos de que no haya una hermosa mujer con nombre de Némesis que se apropie ipso facto a tu atormentado. No vaya siendo... O que,  apenas te vayas le hable a su amigo: Oye weey, cómo se llamaban las de ayer, que la Juana se me puso marrusca, por una tal Némesis ¡¡!! 

No... Mejor, yo que tú, si está hermoso hermoso... ¡NI LO MIRES! O espérate unos 30 años para que coma de tu mano.

sábado, 2 de abril de 2011

Todas las Primaveras

Igualita, así estoy hoy, pero sin el gatito y sí con Guango (Mi chihuahua pelo largo irreverente)

¡Cuánto cuesta aprender a vivir! Hay que darnos algunos o muchos trastazos muy fuertes para lograrlo. Dolorosos, sangrantes. Porque nos creemos muy “papas fritas” y que la vida tiene la obligación de darnos todo “de a gratis”, por nuestra linda cara,  sin que demos casi nada a cambio o de plano nada.

Según nuestros defectos, vamos recibiendo justamente lo que necesitamos, lo que más nos duela. Si somos vanidosos, ambiciosos,  soberbios… Más temprano que tarde nos llega el golpe a la medida de nuestros defectos, que nos arrodilla, para obligarnos a escudriñarnos. Hay quienes corren con mucha suerte o son más  maquiavélicos, pues  parece que nunca tendrán su merecido. Pero de que les llega les llega, así que no hay que preocuparnos por ellos.

Culpamos a los demás de nuestros problemas, de los maltratos, de las traiciones, de todo lo que nos pasa. En un espejismo muy irresponsable, por nuestra resistencia a mirarnos al espejo. Creamos miles y miles de máscaras, para mimetizarnos, para simularnos, disimularnos,  brillar, engañar, engatusar… Según nos convenga. Somos convenencieros.

Pero, a través de una o muchas pequeñas o grandes pérdidas, tenemos que sentarnos en nuestro propio banquillo de los acusados, e ir despojándonos, paulatina y cadencialmente de todos nuestros ropajes, uno a uno, como cuando en una tarde muy fría, regresamos a casa y arrojamos bufanda, abrigo, guantes, botas, suéter,  etc. Un streep tease privado y personal, hasta llegar a la piel viva de nuestra naturaleza…

Piel enrojecida y ardiente, llena de rencores punzantes, agudos, corajes acumulados en un buen número de años. Algunos ni siquiera propios, sino genéticos. Estamos a solas y no podemos esconder más esa allagada piel, ya hecha fuego. Algunos escogen las evasiones, hay muchos tipos de evasiones; otros si aprovechan  esa oportunidad y eligen restregar con jabón, con árnica, lejía, con algún abrasivo hasta que sangre, hasta encontrar el tejido vivo de todas las propias culpas, para regenerarlo.

Es cuando podemos volver a la primavera interna. Eliminando nuestros defectos, para reconstruir nuestra personalidad, con el material que nos quede ileso, aunque solo sea un pedacito, con lo que quede es suficiente. Perdonarnos, aceptarnos para luego conquistarnos. Liberados, ¡Libres!, frescos, primaverales y ya no tan papas fritas como al principio de la travesía.

Para esto ya aprendimos de humildad, modestia, mansedad, lo que llaman "perfil bajo" y aceptamos lo insignificantes y diminutos que somos ante la grandeza cósmica y la divinidad. El ego ya no es cosa importante.

Porque ya conocemos a fondo nuestra potencialidad y la ponemos en práctica a través del amor, haciendo ese amor nuestro alimento fundamental, el más importante. Para, ahora sí de verdad, empezar a dar y aprender a recibir. Aceptar y ya no tratar de llegar primero o más alto, pues ya estamos siendo una pieza más del todo y a la vez, eso nos posiciona más alto que nunca antes y estamos preparados para:

Tomar dóciles todo lo que nos brinden, sin recelo, sin desconfianza. Porque a la nueva persona  en que nos convertimos, solo le llegaran cosas favorables. Pues ya somos dotadores, dadores. Ya tenemos qué dar. El amor, el auténtico, el que es inagotable. Tengamos 17 o 100 años, empezamos a ser cada día una primavera para nosotros y para los demás, floreciendo en cada contacto, en cada relación, en cada detalle.

Inmensamente deseo que todos vayamos conectándonos para renacer, alcanzar todas las primaveras, así  tengamos el frío más inclemente, así soportemos los contratiempos más atroces. Urge que volvamos a ser humanos, no números, ni robots, ni zombis, ni máquinas de hacer y dinero o coleccionistas de primeros lugares y premios; sino desechar tanta inutilidad y regresar a lo esencial, que está dentro de nosotros, es invaluable y lo único real y necesario.  Tan simple, tan a la mano.

Súbele al volumen y deja a tu alma vuelva a los diecisiete: