Añoré cada noche, de cada semana,
de todos los años, que estuve lejos de mi ciudad.
Los cumpleaños, las navidades, los fines de año;
en casa de Bertha, todos polemizando... y un tequila.
Lloré a los sobrinos, primos y amigos.
A Malicha y sus anécdotas,
a mi madre en verano, a mi padre ya viejo,
que fue cuando se dulcificó.
A mi hermana sin tanta amargura,
antes que se quedara,
cuando su psicología estaba, por encima
de cualquier obsesión kafkiana.
En esos años, disfrazados de siglos,
anhelé a mi regreso la gran bienvenida,
en esta ciudad ahora vacía,
donde ya no reconozco nada.
Los que más quise, no me esperaron,
los que más me quisieron, ya no me conocen,
y dicen que me quieren,
muchos desconocidos.
Ahora, que ya no tengo sitio,
que mi tierra, en realidad no lo es,
que mi idiosincrasia ya no es la misma,
quiero extrañarlos un poco de lejos.
* Dicen que sucede.


