¿Quién podría decidir o escoger quien pueda merecer un feliz año 2012, o una feliz vida.
¿Quién podría ser la persona “humana” con esa
capacidad?
Siendo que todos, sin excepción
merecemos una vida de felicidad. Todos nacemos con ese derecho,
aun cuando cada quien trace una trayectoria diferente, según las circunstancias,
entorno, capacidad, condición personal
y manera de reaccionar.
¿Quién sería la persona más
justa y desnuda de prejuicios, complejos,
favoritismos, estereotipos, intereses, defectos… ¡Tan perfecta! Que pudiera
escoger?
“Felicidad,
para quien pueda merecerlo” Es en realidad un deseo muy profundo y auténtico,
de que cada vez más gente pueda serlo… Pues, la ¡Felicidad para todos! no
ha sido posible, aunque ¡allí está!, flotando en el aire, a la mano, a la
vista, o en el corazón, o en la mente, no todos pueden ser capaces de
capturarla y retenerla y hacerla su forma de vida.
Esas palabras, no van para
discriminar: ¿Quién? ¿merecer?
Si el malo fuera feliz, tal
vez no sería malo; pero, el bueno no necesariamente es feliz por ser bueno. O el feo, o el bonito, o el enfermo o el sano. Los manicomios contienen
muchos locos muy felices. Tampoco es una
invitación a perder la cordura a quienes la tengan y así sean
felices.
Es de elección personal el
asumir: ¡Yo lo merezco!, yo soy quien, estoy dispuesto(a) a ser feliz, porque
así lo deseo, porque me da la gana, porque no deseo vivir sufriendo. Si me
abofetean, ya no permitiré que lo hagan, me mantendré a salvo, si me humillan,
si me ofenden, si me marginan, si no logro lo que deseo para mi, para sentirme
bien, voy a hacer todo lo que esté en mi, haciendo las adaptaciones necesarias para mi caso específico y aceptando lo que no pueda cambiar, de mi, de los demás o del entorno.
Merecer a partir del propio
ser, quien sea. Esa actitud podría avanzarnos muchos pasos al mismo tiempo,
para acercarnos al logro, y poder desde LA FELICIDAD, tender la mano a quien no
pueda por sí solo, pues aunque nos pongamos una venda en los ojos,
hay infinidad de personas que necesitan ayuda para impulsarse...
Poder merecer, como un
equivalente a poder ser, con un esfuerzo personal grande por lograrlo. Nada nos
llega gratis, ni por muy linda cara que tengamos, depende mucho del
desarrollo de la capacidad.
El esfuerzo dedicado a ello
es lo que da el merecimiento como
resultado. ¡Merézcanlo! Yo me esforzaré
mucho por merecerlo, ¡ojalá que podamos!… que no quede por uno.


