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sábado, 7 de enero de 2012

Estaba pequeña



La primera vez que se inconformó, era pequeña. Su maestro le dijo, ¡dígamelo por escrito, lo firma y le creo! Rápido tomó su cuaderno y escribió dos cuartillas, en lo que transcurría la clase. Dejó su inconformidad sobre el escritorio y salió al recreo. 

Cuando regresaban, el maestro le dijo, la esperan en la dirección. Fue a la dirección algo nerviosa. La directora tenía en sus manos el escrito. -¿Así que usted está inconforme? dígame lo que usted haría para que las cosas funcionaran mejor, por escrito y me lo firma, para creerle. Lo hizo. Las cosas mejoraron radicalmente.

Después, peleó con su hermano. Se sintió triste, al verla llorar su madre le dijo: Dile lo que sientes por escrito y verás lo que pasa... Lo firmas. Rápido lo hizo y en cuanto su hermano leyó su nota, volvió a ser el mismo de siempre.

Anduvo por doquier, observando, escribiendo, firmando, inconformándose, escribiendo, firmando. Sintió que lápiz y papel eran su equivalente a varita mágica.  Sabía que papel firmado era más que juramento y que nadie que leyera sus escritos podría dudar de ella, ni ignorar sus apreciaciones, influía, siempre influía. Siempre algo sucedía cuando escribía. Así fue viviendo, escribiendo, viviendo, hasta crecer. 

Los problemas también fueron creciendo. O quizá, ella empezó a ver más. De inmediato tomaba hoja y pluma, y dirigía al responsable sus comentarios, sugerencias, peticiones y exigencias. Abundaban responsables y culpables. Pero aún cuando leían sus escritos, no había respuestas, ni soluciones, ni cambios. Ella, más mayor, escribía más directo, más fuerte, más firme y decidida. Todo empeoró...

Ahora, encerrada escribe cuentos infantiles, canciones y lee poesía, para no inconformarse. Se asoma de vez en cuando a su libertad. Llora. Sus escritos son muy dulces. Pero, ya no los firma, porque ella no cree que sea quien los escribe. No se conoce. No se cree. Siente coraje hacia aquél maestro, que recuerda en blanco y negro, cuando sueña... por escrito.

viernes, 6 de enero de 2012

¿Quién pueda merecerlo?



¿Quién podría decidir o escoger quien pueda merecer un feliz año 2012, o una feliz vida. 

 ¿Quién podría ser la persona “humana” con esa capacidad? 

Siendo que todos, sin excepción merecemos una vida de felicidad. Todos nacemos con ese derecho, aun cuando cada quien trace una trayectoria diferente, según las circunstancias, entorno, capacidad,  condición personal y manera de reaccionar.

¿Quién sería la persona más justa y desnuda de prejuicios, complejos,  favoritismos, estereotipos, intereses, defectos… ¡Tan perfecta! Que pudiera escoger?

“Felicidad, para quien pueda merecerlo” Es en realidad un deseo muy profundo y auténtico, de que cada vez más gente pueda serlo… Pues, la ¡Felicidad para todos! no ha sido posible, aunque ¡allí está!, flotando en el aire, a la mano, a la vista, o en el corazón, o en la mente,  no todos pueden ser capaces de capturarla y retenerla y hacerla su forma de vida.

Esas palabras, no van para discriminar: ¿Quién? ¿merecer?

Si el malo fuera feliz, tal vez no sería malo; pero, el bueno no necesariamente es feliz por ser bueno.  O el feo, o el bonito, o  el enfermo o el sano. Los manicomios contienen muchos locos muy felices.  Tampoco es una invitación a perder la cordura a quienes la tengan y así sean felices.

Es de elección personal el asumir: ¡Yo lo merezco!, yo soy quien, estoy dispuesto(a) a ser feliz, porque así lo deseo, porque me da la gana, porque no deseo vivir sufriendo. Si me abofetean, ya no permitiré que lo hagan, me mantendré a salvo, si me humillan, si me ofenden, si me marginan, si no logro lo que deseo para mi, para sentirme bien, voy a hacer todo lo que esté en mi, haciendo las adaptaciones necesarias para mi caso específico y aceptando lo que no pueda cambiar, de mi, de los demás o del entorno.

Merecer a partir del propio ser, quien sea. Esa actitud podría avanzarnos muchos pasos al mismo tiempo, para acercarnos al logro, y poder desde LA FELICIDAD, tender la mano a quien no pueda por sí solo, pues aunque nos pongamos una venda en los ojos, hay infinidad de personas que necesitan ayuda para impulsarse...

Poder merecer, como un equivalente a poder ser, con un esfuerzo personal grande por lograrlo. Nada nos llega gratis, ni por muy linda cara que tengamos, depende mucho del desarrollo de la capacidad. 

El esfuerzo dedicado a ello es lo que da el merecimiento como resultado.  ¡Merézcanlo! Yo me esforzaré mucho por merecerlo, ¡ojalá que podamos!… que no quede por uno.


jueves, 5 de enero de 2012

¿Quién puede merecerlo?




Para cerrar el año, agradecí a todas las personas que han llegado a esta casita desde que la abrí, a finales del 2010 y que me han obsequiado tanto tesoro material, psicológico, sociológico, emocional, espiritual, y desee lo mejor para este año, a quienes pudiéran merecerlo...

Escribir, me apasiona y el blog me hace inmensamente feliz, más al saber que me leen, me comentan y todo eso. Se me facilita más comunicarme escribiendo que hablando. Pues por la vía oral, fácil llega el desgraciado momento en que las cosas, tratándose por ejemplo del arreglo de algún conflicto,  se encienden y terminan a gritos y portazos... muy lejos de las formas diplomáticas.

Ah, porque en persona no soy casi nada diplomática, ni blanda, ni condescendiente, soy de una franqueza y sequedad que asusta, mucha gente huye de mi lado por ese motivo, jejeje. Pero, uno que otro por escrito también jejeje (con negritas porque es estruendosa y descarada carcajada). 

Si bien, quienes se quedan, son en una relación entrañable e indestructible, a prueba de todo. Debiera presentarme con un letrero: "Para tratarme debes tener la autoestima muy bien puesta y nada de soberbia, o, primero quiéreme mucho, para que lo que te diga no te ofenda, pues la intención no va por allí, pues soy muy directa, amorosa y juguetona también... demasiado."

Me gusta la buena crítica, hacerla y que me la hagan, porque me gusta evolucionar, la crítica libra del estado vegetativo en que podríamos caer al creernos "producto terminado", Y yo, estoy tan llena de defectos y errores, que quiero mantenerme mandándolos a la papelera de reciclaje, cada vez que los encuentre o alguien me los señale. 

Hasta que un día sea tan perfecta que me diga Dios: "Vente pa' ca mija, necesitamos más ángeles", jajajaja ¡Me falta muchísisisisimo! Además estoy tan encariñada con este suelo, que si por defectos se logra, me quedo aquí defectuosísisima,"fallada",  "producto no apto ni siquiera para salir al mercado".
 
Yo no soy nada cautivadora como para hablar de mi… sin embargo, casi en todo hablo desde mi, o desde Guango o la Gertru (mis perros, jajaja): Lo que pienso, lo que creo, lo que veo, lo que a veces siento, pero también mucho de lo que me alucino. Porque lo que vemos, pensamos, sentimos, siempre está saturado de subjetividad, pues cada persona tiene su particular alucine: “Nada es como lo percibimos cada uno”, aunque nos creamos "la neta".

Si narrásemos un hecho en que participáramos varios, cada uno lo haría de manera diferente… hasta que el hecho mismo, si pudiera, muy encabronado, de tanta distorsión, viniera a tocarnos en el hombro con el dedo índice a cada quien: Oigan, oigan, yo no sucedí así. Y todavía faltaría que el mismo hecho o suceso, quisiera imprimirle algo de su propia cosecha y tampoco se autodescribiera con objetividad… por su vanidad.

Me he salido del tema anunciado "¿Quién puede merecerlo?", jejeje. Así que por  ahora me quedaré, con el multiutilizado recurso de los que no somos concretos.  Me refiero a:  ¡Continuará!...