Traductor :

martes, 10 de enero de 2012

Paisajitos rosas


Un payaso advenedizo, sin título legal ni jurídico para tal acción, se proclamó emperador de uno de los lugares más curiosos de un país excesivamente rico, en donde por cientos de años se habían admitido personajes como él; aunque un poco menos ignorantes, crueles y tiranos.

El rey del mundo, se alegró, los acaudalados se alegraron, los emperadores de veintitantas regiones se alegraron, los maleantes se alegraron, los ignaros se alegraron, los menesterosos se alegraron.

Las últimas dos fracciones en poquitos meses lo odiaron, pero unos sumisos y otros ladinos, en las constantes ceremonias, le seguían alabando y rindiendo pleitesía, ante los invitados especiales de las otras comarcas, en que se ostentaban todos los  lujos imaginables.

El emperador y sus amigos, los demás emperadores, urdían la manera de reinstalar el poderío total de la monarquía infinita, que había sido abolida recientemente, después de intensas lides. Periodo en que se llevó a cabo la mayor excentricidad registrada: Pintar de color rojo todos los lugares más curiosos; rojo bermejo, carmesí, bermellón, grana, fucsia, tinto, hematíe...

Aquel lugar curioso, antes mayormente gris y café, árido, industrial y productivo, empezó a sobresalir en los buenos escaparates, por sus árboles, edificios, casas, calles y ríos en las calles… en fin: personas, animales y cosas rojos.  Rojo por allá, rojo por más acullá, rojo por todas partes. Un rojo que de tan brillante y permanente, empezó a calar:  los ojos,  la mente, el corazón, el ser completo.

Se supo hasta en las legiones más distantes.  De boca en boca, también llegaban de esas otras tierras, a llevarse testimonios y fotografías de ese lugar tan irreal y exótico, para mostrarlo a quienes no pudieran dar crédito a algo así. Creyeron que tal irrealidad no debía mantenerse. De inmediato se enteraron en el mundo y hasta en otras galaxias.

El emperador exuberante, ordenó pronto la realización de saraos, festines y comilonas, con mensajeros, representantes y todo tipo de personalidades destacadas e influyentes, nacionales, extranjeras y extraterrestres, para  hacer recorridos por todo su señorío y repartir preciados obsequios o firmar jugosos contratos de compra venta, de reventa, de import-export, con finura y condescendencia, que todos recibían con gran emoción y beneplácito.

Conforme repartía los tesoros, de aquél sitio curioso, los árboles, las calles, los perros, los gatos, la gente nativa, las palabras, se fueron decolorando y perdiendo su rojo brillante.  Mientras los visitantes acariciaban sus obsequios, absolutamente todo iba surgiendo a su paso de un color rosa sutil y delicado.

El café y el gris, quedaron de fondo para siempre, algo más desoladores. El rojo nadie lo recuerda, nadie lo vio, nadie lo olió, nadie lo temió.  El lugar curioso y ya famoso por tan curioso… curiosamente luce desde el mismo momento de la orden: "¡solo paisajitos rosas!". Rosa tenue, rosa calmo, rosa silencio, rosa soledad, rosa: ficción, imposición y alienación.

El payaso ahora es reconocido como mago adorado, cargo que perfeccionará a tope, para sentarse juntito al emperador máximo, también color de rosa, ante las bocas abiertas y rosas de todos los lacayos y súbditos, estupefactamente rosas. 

Me asomo a la ventana para disipar mi preocupación, por ver mis manos, que se me han ido coloreando de rosa mientras termino este cuentito y veo pasar a esta niña, rumbo al destino comprado.  Voy por acetona o lo que sea necesario, antes de que el espejo me grite: ¡Rosa, rosa, tú también estás bien rosa! No quiero escucharlo con su tono burlón de los últimos días.
 
Imagenes Faleroni

* Espero no haberlos agobiado con tanta inocencia de mi cuento infantil y rosa de hoy. Es cuento. Te prometí un cuento rosa, Mariluz.

sábado, 7 de enero de 2012

Estaba pequeña



La primera vez que se inconformó, era pequeña. Su maestro le dijo, ¡dígamelo por escrito, lo firma y le creo! Rápido tomó su cuaderno y escribió dos cuartillas, en lo que transcurría la clase. Dejó su inconformidad sobre el escritorio y salió al recreo. 

Cuando regresaban, el maestro le dijo, la esperan en la dirección. Fue a la dirección algo nerviosa. La directora tenía en sus manos el escrito. -¿Así que usted está inconforme? dígame lo que usted haría para que las cosas funcionaran mejor, por escrito y me lo firma, para creerle. Lo hizo. Las cosas mejoraron radicalmente.

Después, peleó con su hermano. Se sintió triste, al verla llorar su madre le dijo: Dile lo que sientes por escrito y verás lo que pasa... Lo firmas. Rápido lo hizo y en cuanto su hermano leyó su nota, volvió a ser el mismo de siempre.

Anduvo por doquier, observando, escribiendo, firmando, inconformándose, escribiendo, firmando. Sintió que lápiz y papel eran su equivalente a varita mágica.  Sabía que papel firmado era más que juramento y que nadie que leyera sus escritos podría dudar de ella, ni ignorar sus apreciaciones, influía, siempre influía. Siempre algo sucedía cuando escribía. Así fue viviendo, escribiendo, viviendo, hasta crecer. 

Los problemas también fueron creciendo. O quizá, ella empezó a ver más. De inmediato tomaba hoja y pluma, y dirigía al responsable sus comentarios, sugerencias, peticiones y exigencias. Abundaban responsables y culpables. Pero aún cuando leían sus escritos, no había respuestas, ni soluciones, ni cambios. Ella, más mayor, escribía más directo, más fuerte, más firme y decidida. Todo empeoró...

Ahora, encerrada escribe cuentos infantiles, canciones y lee poesía, para no inconformarse. Se asoma de vez en cuando a su libertad. Llora. Sus escritos son muy dulces. Pero, ya no los firma, porque ella no cree que sea quien los escribe. No se conoce. No se cree. Siente coraje hacia aquél maestro, que recuerda en blanco y negro, cuando sueña... por escrito.

viernes, 6 de enero de 2012

¿Quién pueda merecerlo?



¿Quién podría decidir o escoger quien pueda merecer un feliz año 2012, o una feliz vida. 

 ¿Quién podría ser la persona “humana” con esa capacidad? 

Siendo que todos, sin excepción merecemos una vida de felicidad. Todos nacemos con ese derecho, aun cuando cada quien trace una trayectoria diferente, según las circunstancias, entorno, capacidad,  condición personal y manera de reaccionar.

¿Quién sería la persona más justa y desnuda de prejuicios, complejos,  favoritismos, estereotipos, intereses, defectos… ¡Tan perfecta! Que pudiera escoger?

“Felicidad, para quien pueda merecerlo” Es en realidad un deseo muy profundo y auténtico, de que cada vez más gente pueda serlo… Pues, la ¡Felicidad para todos! no ha sido posible, aunque ¡allí está!, flotando en el aire, a la mano, a la vista, o en el corazón, o en la mente,  no todos pueden ser capaces de capturarla y retenerla y hacerla su forma de vida.

Esas palabras, no van para discriminar: ¿Quién? ¿merecer?

Si el malo fuera feliz, tal vez no sería malo; pero, el bueno no necesariamente es feliz por ser bueno.  O el feo, o el bonito, o  el enfermo o el sano. Los manicomios contienen muchos locos muy felices.  Tampoco es una invitación a perder la cordura a quienes la tengan y así sean felices.

Es de elección personal el asumir: ¡Yo lo merezco!, yo soy quien, estoy dispuesto(a) a ser feliz, porque así lo deseo, porque me da la gana, porque no deseo vivir sufriendo. Si me abofetean, ya no permitiré que lo hagan, me mantendré a salvo, si me humillan, si me ofenden, si me marginan, si no logro lo que deseo para mi, para sentirme bien, voy a hacer todo lo que esté en mi, haciendo las adaptaciones necesarias para mi caso específico y aceptando lo que no pueda cambiar, de mi, de los demás o del entorno.

Merecer a partir del propio ser, quien sea. Esa actitud podría avanzarnos muchos pasos al mismo tiempo, para acercarnos al logro, y poder desde LA FELICIDAD, tender la mano a quien no pueda por sí solo, pues aunque nos pongamos una venda en los ojos, hay infinidad de personas que necesitan ayuda para impulsarse...

Poder merecer, como un equivalente a poder ser, con un esfuerzo personal grande por lograrlo. Nada nos llega gratis, ni por muy linda cara que tengamos, depende mucho del desarrollo de la capacidad. 

El esfuerzo dedicado a ello es lo que da el merecimiento como resultado.  ¡Merézcanlo! Yo me esforzaré mucho por merecerlo, ¡ojalá que podamos!… que no quede por uno.