-¡Sí hija, puedes beberla! -ella sirvió en el termo, me besó para despedirse y se esfumó de
casa-
Fue la postdata que terminó de
aclarar mi inexistencia, si así pudiérase llamar esto. Tantas cosas que no comprendía hasta antes del
sábado 16 de febrero, que me provocaban algo equiparable a la angustia, pero no
como manifiestan las personas verdaderas al padecerla. Me sucedían sentimientos
y emociones, pero hasta hoy comprendo porqué en mí era con menor intensidad, como si yo fuera insensible.
Gracias a la broma anterior, de rebote fue esclareciéndose mi naturaleza, con mucha ayuda a través de los comentarios y las suspicacias. "Se recibe lo que se da". Y para rematar con otro lugar común, "vemos en otros lo que somos".
Gracias a la broma anterior, de rebote fue esclareciéndose mi naturaleza, con mucha ayuda a través de los comentarios y las suspicacias. "Se recibe lo que se da". Y para rematar con otro lugar común, "vemos en otros lo que somos".
Desde que recuerdo, me había desgañitado por defender
lo que me iban arrebatando sin piedad. Los amores, por ejemplo. Siempre ha surgido de la nada, otra
mujer para ellos. Se iban tan felices con ellas en mis narices, mientras yo me
quedaba de manos vacías, escribiendo versos hasta resolver mi estar. “Demasiado
dramatismo”, llegó a decirme alguien. ¡Cómo no!, si estaba encenegada entre los
renglones de aquellos papeles, desde donde solo podía relacionarme con invisibles
de tú a tú.
Crucé muchos callejones de amistades
fallidas, primero la curiosidad de intercambiar perfiles, trayectorias,
similitudes, hasta llegar al “enter” que finalizaba todo sin marcha atrás, como
quien alcanza el punto final de cualquier cuento. A partir de allí, cierta
nostalgia tal vez, pero ningún apego, simplemente a lo que sigue.
En lo laboral, alguna vez estuve como pez en el agua, en una librería muy cuantiosa, donde me la pasaba realmente entretenida, sin notar el transcurrir de las horas. Un día llegó el dueño y con la
mayor frialdad imaginable, me separó y me lanzó a la calle, gritando: Ni
siquiera podría clasificarte, tienes un problema muy serio de personalidad y
estructura. Esa vez, si sentí una gran punzada en el lomo. Pero seguí.
De una u otra forma se fue
evidenciado que la mía no es existencia y que la existencia no es una secuencia infinita de metáforas. Saber que soy un personaje ficticio de HD, me libera y alegra, porque
ya puedo dejar que fluya con naturalidad mi “no ser”, que desemboca en no ser
escuchada, ni vista, ni sentida, ni nada.
Ya podré hacer muchas más cosas a
partir de aquí, sin ningún miedo, prácticamente lo que
sea, bien segura de que no tendrá ninguna repercusión en los demás. Aunque... no deja de ser una forma de existencia, ¡ficticia!, pero existencia
al fin.
Estamos en tiempos de diversidad, de mucha defensa por todos… entonces, seguiré sumándome nuevas particularidades a mi ficticio perfil, de tal suerte que lograré ser más entrañable de lo que imaginara mi buen inventor, quien aunque lo desee ya no me podrá remitir. Asumiré totalmente mi existencia ficticia, a la que yo no daba crédito, y había estado luchando inútilmente por vivir… creyendo que los obstáculos eran por rebeldía, cuando era tan simple como la verdad y la mentira. Existir o no existir. Punto.
Estamos en tiempos de diversidad, de mucha defensa por todos… entonces, seguiré sumándome nuevas particularidades a mi ficticio perfil, de tal suerte que lograré ser más entrañable de lo que imaginara mi buen inventor, quien aunque lo desee ya no me podrá remitir. Asumiré totalmente mi existencia ficticia, a la que yo no daba crédito, y había estado luchando inútilmente por vivir… creyendo que los obstáculos eran por rebeldía, cuando era tan simple como la verdad y la mentira. Existir o no existir. Punto.
¡Sí hija, la jamaica es
real!... ¿Cómo decirle que ni ella, ni yo?



