Siempre pensé que no asistiría a una reunión de ex compañeros de generación, por la odiosa comparación entre el antes y el después, que sería mejor mantener los buenos recuerdos que afrontar el decepcionante "ahora". Y, que si no nos habíamos visto en años, era porque no deseábamos hacerlo...
Pero, me invitaron a la primera reunión realizada, desde que salimos de la prepa. Y siendo bastante incongruente, acudí. Fue tan cómico llegar ante aquellos desconocidos, que me miraron tan serios cuando llegué.
- Hola!... no se esfuercen en reconocerme, que yo tampoco los recuerdo, pero soy Sara O. Durán -Rieron a carcajadas-
Fueron llegando más personas, a la par de las vivencias comunes, desde las diferentes versiones y perspectivas, así que muy pronto se reanudó la convivencia, que las circunstancias de cada uno nos pusieron en "pausa" y no precisamente la falta de ganas de vernos.
Hasta que fueron surgiendo los rostros que nos conocimos y que nos escondían: las arrugas, kilos sumados, canas o calvicies; a lo que nadie aludimos, conscientes de que al escudriñar esas particularidades, el espejo siempre es más cruel que uno.
La parte buena de las crisis... A nosotros, nos llevó hasta el puerto seguro y confiable, que es estar entre antiguos conocidos. La calidez sentida, nos desprendió con mucha risa, los restos de oscuridad que seguramente todos fuimos acumulando en el trayecto de los últimos tiempos, ante las forzosas vicisitudes que nos presenta a diario nuestro país, tan enfermo de impune criminalidad.
Qué gran dicha es estar
vivos! Fue una gratísima reunión, y, sacó a flote, lo que la situación que padecemos pudiera habernos mutilado: La alegría y la confianza!


