Secuestraron al horizonte. Sí, lo cambiaron. Aparecen ahora otros muchos horizontes, suplantando al mío, que es de cielo y montañas.
Allí están posando, de cielo y mar, de valle y cielo, de árboles y cielo. Combinaciones innumerables.
Eso sí, todas con el cielo constante. A ese no lo han cambiado. Y qué bueno, no quisiera un suelo lleno de estrellas. Tendría que volar, no me atrevería a pisar, ni imaginando que fueran de anís.
Tampoco me gustaría mirar hacia arriba y no encontrar nada más que vacío. ¿De qué color es el vacío? ¿Acaso negro? ¿Transparente?
Busco más y no encuentro mi horizonte de cielo y montañas, no sé quién se lo llevó, me descontrola darme cuenta de que no está. Ni él.
Los arrastró la corriente. O a mí.
*Cascadas de Agua Azul, Chiapas, México.
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
