Queremos a las personas y quisiéramos que fueran nuestras, pero a las personas no las podemos poseer.
Nos pueden corresponder, Qué dicha cuando se logra. Es muy emocionante decir y escuchar un "te quiero", un "te amo" ¿Quién no ha vibrado al sentirlo?
Pero todo es transitorio,
nosotros somos transitorios...
la vida es muy breve.
Aunque nos creamos que somos mucho, terminamos siendo nada... Nos evaporamos en la brevedad de un suspiro.
Y vuela el alma, en un instante, que puede ser hoy.
Quiere, ama, bríndate sin miedo, ni medida: con tu pareja, con tu familia, con tus amigos, pero no te cases con nadie. No hagas del amor una prisión.
Porque nadie es tuyo, ni siquiera tú te perteneces, pues no puedes ni tan solo determinar hasta cuándo estar aquí.
Comprenderlo te permitirá relacionarte con quien sea, en libertad, por el tiempo que Dios te permita, con mayor intensidad y sin tanto sufrimiento.
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jueves, 31 de marzo de 2016
martes, 29 de marzo de 2016
Compartíamos
Era tan común compartir. Si alguien obtenía algo cuantiosamente, de inmediato las mamás nos mandaban a los hijos a repartir, con la familia y los vecinos. Las mamás tomaban todas las decisiones de la casa, porque los hombres eran los proveedores, con todo lo que les costara lograrlo, con los pantalones bien fajados.
Íbamos: "Ahí le manda mi mamá". E igual los demás con nosotros. Una vida de "puertas abiertas", de mucho repartir y compartir.
Los favores, se hacían casi sin que se pidieran y sí era posible que no se supiera de parte de quién, mucho mejor. Para que no se sintiera en deuda esa persona. Lo único importante era que resolviera su bronca. No se cobraban ni se referían jamás los favores hechos. Y quien recibía, lo agradecía como algo muy natural, sin complejos.
Con el dinero también así era: directo, sin rodeos. Había palabra y vergüenza, era muy importante el honor, siempre se daba la cara y de frente, sin miedo a sentirse expuestos, porque nadie exhibía a nadie. "A todo mundo se le podía atorar la carreta de repente"
Dentro de la familia... quien tenía, tenía para todos. Sin soberbias, ni competencias. Considerando lo material como lo más transitorio.
Fue como crecí, por eso es que soy tan utópica.
domingo, 27 de marzo de 2016
A domingo sabe la nieve
O, a nieve sabe el domingo.
Con Juanita, aquella vecina de la niñez, solo era de un sabor. Y moríamos de impaciencia por verla salir a su portal con el par de garrafas, para comprarle todos los mocosos del barrio.
Sabía a leche de vacas de verdad, azúcar morena de verdad con canela y un toque sutil de vainilla de verdad. Era de color rosa pálido, también de verdad.
Tanto que complican hoy elegir entre tantos sabores. Los he probado todos, en las cadenas de neverías, para terminar casi siempre pidiendo de nata, que es la que un poquillo puede parecerse a la que hacía Juanita...
Claro, ahora de saborizante artificial, con aditivos, esponjadores y cremas de de mentiras. Exquisitas, pero nunca como aquella, que por cierto, la hacía los sábados... Y sabían a domingo.
Con Juanita, aquella vecina de la niñez, solo era de un sabor. Y moríamos de impaciencia por verla salir a su portal con el par de garrafas, para comprarle todos los mocosos del barrio.
Sabía a leche de vacas de verdad, azúcar morena de verdad con canela y un toque sutil de vainilla de verdad. Era de color rosa pálido, también de verdad.
Tanto que complican hoy elegir entre tantos sabores. Los he probado todos, en las cadenas de neverías, para terminar casi siempre pidiendo de nata, que es la que un poquillo puede parecerse a la que hacía Juanita...
Claro, ahora de saborizante artificial, con aditivos, esponjadores y cremas de de mentiras. Exquisitas, pero nunca como aquella, que por cierto, la hacía los sábados... Y sabían a domingo.
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